Tuesday, March 11, 2008
R. Kaes y la Ideologia...
de "El grupo de discusion" por Lic. Susana Sternbach
Saturday, October 20, 2007
Eduardo Videla - Usos y abusos que no son menores
COMO AFRONTAR EL CONSUMO DE ALCOHOL Y DROGAS ENTRE ADOLESCENTES
Cuatro especialistas consultados por Página/12 aportan ideas sobre el uso de alcohol y sustancias psicoactivas entre adolescentes. Sugieren evitar discursos moralistas, fomentar los vínculos familiares, hacer prevención desde la escuela primaria e informar sobre los efectos de las combinaciones.
Por Eduardo Videla
El primer paso es eliminar la idea de que a uno no le va a pasar. El segundo, entender que el tema del alcohol y las sustancias psicoactivas debería hablarse con los niños antes de que sean adolescentes, si es posible en la escuela primaria. El siguiente, reemplazar los discursos moralistas por un mayor diálogo en las familias. Cuatro especialistas en adicciones y tratamiento de jóvenes usuarios de drogas y alcohol consultados sobre este diario analizaron el problema e hicieron algunos aportes sobre un tema que inquieta a los adultos pero también a los chicos. El debate creció en los últimos días a partir del tratamiento que algunos medios dieron a la muerte de una estudiante del Instituto Marianista, que se atribuyó a la mezcla de alcohol con otras sustancias, algo que aún no fue determinado.
“Si vamos a hablar del alcohol o de las drogas cuando son adolescentes, llegamos muy tarde”, dice María del Carmen Hiebra, jefa del servicio de Adolescencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. La médica cuestiona que se hable de los adolescentes cuando aparecen episodios en los que son víctimas de situaciones complicadas. “Habría que tener en cuenta que los adolescentes son una expresión de la sociedad en que vivimos –afirmó la especialista–. Deberíamos preguntarnos qué sociedad creamos para que ellos se expresen de esta manera.”
Sostiene Hiebra que “si bien el consumo de alcohol y sustancias no es nuevo, en los últimos tiempos se detecta un inicio más temprano, y una equiparación de mujeres y varones en el abuso”. “Además, los psicofármacos y las drogas ilegales están más al alcance de la mano, lo que contribuye a la universalización del problema”, agregó.
Para la especialista, más que campañas de prevención, “son importantes las acciones primarias como fomentar los vínculos familiares”. “Hoy, por distintas situaciones, las familias no tienen diálogo, y no por responsabilidad de los padres, ya que es difícil el diálogo en situaciones adversas: los que tiene trabajo viven inmersos en un mundo de agenda completa, y los que no lo tienen están muy descalificados”. En ese sentido, sugiere hacer un acompañamiento del crecimiento de los hijos: concurrir a un acto escolar, compartir una mesa, interesarse por lo que hizo el otro. Son muchas las familias que viven bajo un mismo techo y sin embargo no se conocen.
“No se trata de ejercer un control vigilador sino de tener cuidados, de saber qué les pasa cuando están afuera”, concluye.
Paula Goltzman trabajadora social, coordinadora de intervención de la asociación Intercambios, explica que “todas las mezclas agravan los riesgos de las sustancias, ya que potencian los efectos propios de cada sustancia con más riesgos para el organismo”.
¿Qué deben hacer los padres ante esta situación? “En principio, deberían trabajar con recomendaciones reales. No pensar que a su hijo no le va a pasar por el ambiente en que se mueve, ya que existe una oferta permanente de sustancias cada vez más amplia. Tomar conciencia de que es muy sencillo adquirirlas. En ese contexto, es más útil que el mundo adulto se abra a escuchar a los chicos, tener un acercamiento, buscar información, y en ese marco, cada familia debe resolver la situación.”
Para la psiquiatra Susana Calero, jefa del servicio de Adicciones del Hospital Alvarez, muchos padres se enteran de la situación de adicción en que se encuentran sus hijos “muchos años después de que empezaron a consumir”. “Hay un estado de negación, piensan que eso no les va a pasar. Sabemos que los adolescentes, como en los boliches no les venden alcohol, se reúnen muchas veces antes para tomar, a veces en alguna casa, donde los padres muchas veces no están presentes”.
La especialista recomienda, como mejor forma de prevención, “que en la casa y en la escuela se hable más del tema, antes de los 17 y los 18 años”. “En el preescolar ya se habla de los daños que provoca el tabaco, y son los propios chicos los que les piden a los padres que no fumen. A esa edad debe empezarse con la atención primaria, con la educación para la salud”.
“Los padres deberían saber cuál es el entorno en el que se mueven sus hijos, conocer a los padres de sus amigos y hablar con ellos”, sugiere Calero. Cuando se convocan a reuniones de padres en la escuela, la mayoría no va. Sólo concurren los padres de los chicos que no tienen problemas.” dice Calero, jefa del servicio de Adicciones del Alvarez desde hace 37 años.
“No se trata de ejercer un mayor control, que suena represivo, sino de tener un mayor contacto, un mayor acompañamiento –sostiene–. ¿O no son los propios padres los que les compran la cerveza en el supermercado o les dejan la casa vacía para que puedan estar tranquilos?”
Para Ricardo Paveto, psicólogo, especialista en adolescentes de la Asociación de Reducción de Daño de la Argentina (Ardra), “el consumo de sustancias legales e ilegales en escenarios de diversión requiere elaborar políticas preventivas por parte del Estado, desde un criterio epidemiológico”. Para ello, sostiene Paveto, es necesario construir una política preventiva y comunicacional que no sea moralista ni discriminatoria, que no repita el discurso que han dicho los padres sino que incorpore las opiniones de la población a la que está dirigida, a partir del dialogo con los adolescentes, para conocer de qué manera significan esas situaciones”.
“Aun así, es probable que una cantidad de adolescentes de todas maneras consuma, por lo que es necesario que tengan una información adecuada sobre los efectos que producen las sustancias u los riesgos de las mezclas”, agrega Paveto.
Por último, recomienda evitar el camino de la prohibición. “Se cree que algo que se prohíbe deja de existir, y no es así, por el contrario, ocurre con más intensidad y con mayores riesgos”, opina. Y agrega que las políticas sobre el tema deben “involucrar a la responsabilidad social de los empresarios, que lucran con esta actividad”.
Respecto del tratamiento de los medios, el especialista de Ardra sostiene que “no se puede tratar el tema a partir de los dichos de dichos, sin un informe clínico, y decir que un hecho se produjo por abuso de sustancia o por mezclas”.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-93223-2007-10-19.html
Tuesday, September 25, 2007
Pedro Lipcovich - Los presos de la salud mental
En la Argentina hay por lo menos 15.000 personas detenidas sin razón alguna que lo justifique, y así lo reconocen los propios directores de los centros de detención que las alojan: esa cifra corresponde al 60 por ciento de los 25.000 internados en instituciones psiquiátricas, mínimo para el que los propios directores reconocen que deberían ser externados. El término “detención” es el que utiliza un detallado informe, que se presentará hoy en el Congreso y fue preparado por una entidad internacional de protección a los derechos de las personas con discapacidad mental, en colaboración con el CELS. Según el documento –al que Página/12 tuvo acceso–, “el sistema argentino de salud mental está desfasado respecto de los cambios de los últimos 30 años en el mundo” y que “la segregación de miles de personas en instituciones es una práctica prohibida por el derecho internacional”. El documento desciende a los extremos del horror patentizado en las “celdas de aislamiento”, la violencia física, los abusos sexuales, el uso disciplinario de psicofármacos o la falta de atención médica. Señala también que “la legislación argentina no cumple los requerimientos internacionales”, ya que “permite que un juez interne a una persona en un centro psiquiátrico sólo por entender que necesita asistencia’”. El informe será presentado hoy en el Congreso de la Nación.
El informe, que se presentará hoy a las 18 en el auditorio del Anexo de la Cámara de Diputados, se llama “Vidas arrasadas. La segregación de las personas en los asilos psiquiátricos argentinos” y fue elaborado por la Mental Disability Rights International (MDRI) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). “A pesar de que en muchas partes del mundo se han clausurado los grandes asilos psiquiátricos, el 75 por ciento de las personas en el sistema de salud mental argentino se encuentra detenido en instalaciones de mil camas o más”, advierte el informe, que utiliza indistintamente los términos “personas institucionalizadas”, “internadas” o “detenidas”, de acuerdo con los estándares internacionales de derechos humanos”.
En la Unidad Penal 20, del hospital Borda, “los investigadores encontraron personas encerradas, desnudas, en celdas de aislamiento que medían metro y medio por dos metros. El personal reportó que las personas habían estado encerradas en estas celdas por períodos que iban desde diez días a más de un año; un hombre informó que estaba encerrado en una celda de aislamiento desde hacía siete meses. Otro hombre había sido detenido en una celda de aislamiento durante tres meses debido a un intento de suicidio. El personal informó que los detenidos eran desnudados ‘para prevenir el suicidio’ y que esta detención en aislamiento era usada ‘para observación de los pacientes’. Sin embargo, las celdas de aislamiento carecían de luz natural, la supuesta observación sólo hubiera sido posible a través de una minúscula mirilla y no había personal asignado, lo que hacía que una observación periódica fuera imposible”.
Además, “en la Unidad 20, los hombres detenidos informaron a los investigadores sobre situaciones de abuso físico y sexual, incluyendo violaciones, palizas y otros tipos de violencia. Dos hombres detenidos informaron haber sido ultrajados sexualmente en las celdas de aislamiento. Uno denunció haber sido violado por un guardia y que varios lo habían obligado a desfilar en ropa interior femenina y a actuar de manera afeminada para ellos”.
En el Hospital Moyano, “los investigadores recibieron informes de abuso sexual perpetrado por el personal contra las mujeres institucionalizadas”. Esta institución fue intervenida en diciembre de 2005, luego de graves denuncias públicas. “Estas denuncias se encuentran en proceso de investigación judicial”, pero en julio de 2007 “el director de Salud Mental de la ciudad de Buenos Aires, Carlos de Lajonquiere, desconocía el curso que habían seguido estas investigaciones”.
En las celdas de aislamiento de la Unidad Penal 27, del Moyano, encontraron una mujer que “había estado allí un año y medio por dificultades en su trato con las otras personas”. El informe señala que “la reclusión involuntaria prolongada y la privación sensorial puede exacerbar síntomas psiquiátricos o inducir daño psiquiátrico severo”.
En el hospital Cabred, en la provincia de Buenos Aires (“Open Door”), donde “el director informó que tres enfermeros habían sido transferidos a otros hospitales como ‘castigo’ por haber cometido abusos”: pero, señala el informe, “transferir personal de una institución a otra no implica sanción alguna y conlleva el riesgo de que hechos similares se repitan en la otra institución”.
El MRDI y el CELS denuncian también la falta de atención médica en los neuropsiquiátricos: “En la Unidad 20, como en los hospitales Diego Alcorta –provincia de Santiago del Estero–, Moyano y Borda, los investigadores observaron gran número de personas institucionalizadas con heridas abiertas o en estado de infección avanzada, dientes faltantes y algunos con extremidades con gangrena”.
Estas situaciones se dan en el marco de “condiciones antihigiénicas”, por ejemplo en el Diego Alcorta, donde “los baños estaban inutilizables” por lo cual “muchas personas internadas preferían usar las áreas verdes y los pasillos para defecar y orinar”.
Un rasgo generalizado fue que “las personas institucionalizadas no reciben rehabilitación”. En los hospitales Borda, Moyano, Estévez, Domingo Cabred y Diego Alcorta, los investigadores encontraron “una inactividad generalizadas. Un importante número de personas estaban acostadas sobre sus camas o en el piso, completamente ociosas”. También observan que “las medicaciones psicofarmacológicas son utilizadas como herramienta de disciplinamiento y control”.
Según el informe, “la legislación argentina está muy lejos de cumplir los requerimientos establecidos por los estándares internacionales”, ya que “las leyes nacionales permiten la internación de aquellos que pudieran ‘afectar la tranquilidad pública’ y no establecen mecanismos que les garanticen una audiencia dentro de un período razonable, el derecho a ser representado por un defensor, ni el examen periódico de las internaciones por parte de un órgano independiente e imparcial”.
Según destacan, “el artículo 482 del Código Civil utiliza el término ‘demente’, que nunca llega a definir, es extremadamente ambiguo y altamente estigmatizante”; además, “permiten internar a personas que pudieran ‘afectar la tranquilidad pública’ o que tuvieran problemas de abuso de sustancias o de alcohol”, e incluso “autoriza a un juez a internar a una persona en un centro psiquiátrico sólo por entender que ‘necesita asistencia’”. Los investigadores advierten que “cuando la internación psiquiátrica no se limita estrictamente a casos de personas en peligro inminente de dañarse a sí mismas o a otras, se corre el riesgo de cometer graves abusos”. Incluso “familiares y vecinos ‘incomodados’ pueden solicitar ante un juez la internación coactiva de un individuo” y para estas personas el Código “no provee el derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable, ante un tribunal independiente e imparcial”.
La Ley de Salud Mental 448, de la ciudad de Buenos Aires, si bien “contiene sólidas garantías que abogan por los derechos de las personas con discapacidades mentales, sin embargo no protege adecuadamente contra la detención arbitraria”. Para colmo, “no existe verdadera representación legal para individuos internados en instituciones psiquiátricas”.
Y si las personas internadas denuncian lo que les pasa no se les cree: “Cuando los individuos diagnosticados con una enfermedad mental denuncian lo que ocurre, generalmente son tratados como si estuvieran delirando”.
El documento exige la sanción de una ley marco nacional de salud mental, entre cuyos principios debería incluirse el derecho a revisión judicial de todas las internaciones involuntarias por una autoridad independiente dentro de las 72 horas; la revisión periódica de las internaciones involuntarias por un órgano independiente; el derecho a contar con representación legal para los internados, y exige que los fiscales investiguen las “condiciones abusivas en los hospitales Diego Alcorta, Moyano y en la Unidad 20”.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-91942-2007-09-25.html
Thursday, May 03, 2007
German Garcia - La soledad sonora que resuena en otros
DE LACAN A JOYCE, PSICOANALISIS Y ARTE
A partir del “rigor psicótico” que Lacan registró en el filósofo Ludwig Wittgenstein y en el escritor James Joyce, el autor avanza hacia la experiencia del arte (“el arte, el artificio”) para señalar “un goce sutil que, en la soledad del lenguaje, descubre el trayecto, el método capaz de resonar en otros”.El “rigor psicótico” que Lacan leyó en Wittgenstein, el que, en una provocación digna de Dadá, se adjudicó a sí mismo en cierta ocasión, es el que volverá a encontrar en la lectura de James Joyce. Lo prueba el hecho de que Lacan practicara en ciertos momentos los procedimientos de la escritura de Joyce, cuyo método (camino, rigor) culmina en Finnegans Wake.
Un libro titulado 789 neologismes de Jacques Lacan, realizado por Jean Pélissier y más de treinta colaboradores, contabiliza frecuencias entre 1969 y 1980, refutando de paso la idea de la progresión lineal en el uso de este procedimiento: en efecto, los neologismos se acentúan entre 1971 y 1975 (Lituraterre; L’étourdit; Joyce, le sinthome). Los autores se inspiran, según dicen, en un trabajo de Leo Spitzer sobre los neologismos de Rabelais (en quien Lacan encontró la palabra sinthome). Lacan, en fin, es comparado con Michaux y Queneau, por el aspecto lúdico de sus juegos verbales.
Los neologismos significan innovación en el lenguaje y suelen agruparse en tres clases: a) palabras inventadas; b) palabras formadas a partir de una raíz o prefijo; c) palabras patrimoniales, por ejemplo beat para designar a una generación. Otros son faux amis, entre lenguas, tanto escritos como hablados (“falsos amigos”: palabras de idiomas diferentes que son muy parecidas pero tienen distinto significado; así por ejemplo, “década”, en español, se refiere a un período de diez años; décade, en francés, se refiere a un período de diez días).
Francisco García Tortosa, en el excelente estudio que acompaña a la edición bilingüe de Anna Livia Plurabelle (Finnegans Wake, I, VIII), escribe: “El vocabulario de Finnegans Wake aparece registrado en los diccionarios en un porcentaje que se acerca al 90 por ciento. (...) Para que una lengua pueda sugerir en el lector vocablos de otra lengua, es necesario un mínimo de distorsión, de manera que aun las palabras conservadas en sus formas estándar resulten extrañas o induzcan relaciones lingüísticas inusitadas (...) no hay que dominar cuarenta lenguas, como tampoco las dominaba Joyce, para que, aplicando este proceso de distorsión, cualquier lengua entre en conexión con otras”.
Joyce creyó que otra persona podía terminar el Finnegans porque su base era simple, susceptible de ser enseñada, “... y por consiguiente automática” (ibídem).
Las homofonías que Freud llamaba asociaciones externas, las homonimias, las sonoridades, aliteraciones, ritmos y combinaciones de vocales van configurando un método que, como la pintura de vanguardia, se propone atravesar la mímesis narrativa de la preceptiva de Aristóteles.
En Le Sinthome, Lacan dice: “¿Qué es el saber? Es el arte, el artificio lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. Por lo menos, yo lo enuncio así”. Para los griegos de antaño, la palabra tekhne no designa el arte en el sentido actual. La mímesis (mimitike tekhne) definía una amplia gama de producciones. Las clasificaciones posteriores, derivadas de diferentes filosofías del arte, permitieron a los filósofos hablar de arte sin la experiencia del arte (de ahí el poco interés que prestan a los testimonios de los artistas). Pero Lacan dice “el arte, el artificio”. En las lenguas antiguas, “artes” designa articulaciones entre partes. El latín suma la intervención humana (artifex) que produce esas articulaciones, según ciertos métodos o reglas que suelen descubrirse por medio del arte y/o la experiencia.
Mediante el artífice (artifex), el artificio puede convertir lo interior en exterior, por lo que Santo Tomás añade la phantasia como una clave para entender la acción del arte. (Silvia Magnavacca, Léxico técnico de filosofía medieval, Ed. UBA, Bs. As., 2006).
El juicio final de la metáfora de Lacan no es el juicio del gusto de Kant y los de su gusto, sino el juicio del artista que es el acto mismo de su realización. Como dice Feyerabend, los de afuera quieren saber qué pasa, los de adentro qué hacer.
Entre otras cosas, los productos del arte pueden gustar (Arthur C. Danto, en El abuso de la belleza, estudia de manera brillante el tema).
Una segunda frase de Lacan en el mismo texto, que quisiera ensamblar con la primera, dice: “El Otro del Otro real, es decir, imposible, es la idea que tenemos del artificio, en cuanto es un hacer que se nos escapa, es decir, que desborda por mucho el goce que podemos tener de él. Este goce completamente sutil (subtil) es lo que llamamos espíritu”. El Diccionnaire Etimologique (O. Bloch et W. Von Wartburg) consigna que esprit (espíritu) viene del latín Spiritus (soplo) y su acepción cristiana se origina en la Biblia (espíritus vitales, animales).
San Buenaventura, Santo Tomás y San Víctor, por decir algunos, hubieran gustado de la cita anterior.
En lugar del Otro, la producción de un artificio que se nos escapa en tanto viste lo imposible (también llamado real) que es el único “juicio final”, que nada tiene que ver con el juicio del gusto del filósofo.
Y, reitero, Lacan dice que “este goce completamente sutil es lo que llamamos espíritu” (también: ingenio, sutileza). La frase siguiente es: “Todo esto implica una noción de lo real”.
Joyce, en una conferencia de 1907 sobre el poeta James C. Mangan, da una clave de la finalidad de su método al decir que las masas aprecian a los poetas que “expresan” y dan “fuerza” a su época, pero que son “incapaces de valorar una obra de verdadera autorrevelación”. Subrayo la palabra y cito la ironía que sigue sobre los poetas que expresan a las masas: “El más popular acto de gracia en estos casos es la creación de un monumento, ya que de este modo se honra al muerto y se halaga al vivo” (Escritos críticos, Ed. Alianza, Madrid, 1975).
La obra de autorrevelación, con sus artificios, es la autorrevelación de ese espíritu que es un goce sutil que en la soledad del lenguaje descubre el trayecto, el método, capaz de resonar en otros y que bien podría designar como la soledad sonora del sinthome. Como diría Jacques Lacan, al menos yo lo enuncio así.
La paradoja del hombre de gusto, como la de cada psicoanalista, no sería diferente a la del que consagrase su soledad a proseguir, según el método de Joyce, el Finnegans: la decisión de Joyce, como la de Descartes y también la de Freud, es la certeza que inicia un método que al final produce la autorrevelación de uno por vez. Pero ninguno de los que sigan el método estará seguro de adquirir una certeza en singular equivalente, y ni siquiera llegará a saber si ellos –Joyce, Descartes, Freud– tuvieron esa certeza o se sostuvieron en la pura decisión. Es que el goce sutil implica la noción de real (Hans Blumenberg; Conceptos en historia, Ed. Síntesis, Madrid 2003).
Vuelvo a la palabra arte. Lacan exaltó el trivium (gramática, dialéctica, retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría –no euclidiana, claro–. No la astrología, pero sí el matema, tampoco la música pero sí la repetición y los ritmos de la pulsión). Recordemos que las primeras se llamaron artes del lenguaje y las segundas artes reales, y el conjunto artes liberales. Con las variaciones que correspondan, estas artes resuenan en las tres soledades nombradas como “rigor psicótico”: la de Wittgenstein, la de Lacan y la de Joyce. Ese “rigor psicótico” también, según Lacan, se encuentra en la ciencia, pero los científicos, desde C. S. Peirce, parten de una comunidad de trabajo que articula el saber en que se inserta cada uno. En cambio, un analista –como Sócrates– sólo tiene el recurso de la histeria... ou pire, o peor.
Extraido de http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-84372-2007-05-03.htmlSaturday, April 07, 2007
Depresión: el 25% de los diagnósticos es erróneo
Piden que se revise la forma en que se define la enfermedad
NUEVA YORK.- Cerca de una de cada cuatro personas que aparenta estar deprimida se encuentra, de hecho, luchando con la respuesta mental normal generada por un golpe emocional reciente, como un matrimonio destruido, la pérdida de un trabajo o el colapso de una inversión, sugiere un nuevo estudio.
Para evitar diagnósticos innecesarios y el estigma correspondiente, la definición estándar de la depresión debería repensarse, de forma de excluir estos casos, afirman los autores de un estudio que publica esta semana la revista Archives of General Psychiatry, y que se basa en una encuesta hecha a más de 8000 norteamericanos.
Los psiquiatras y médicos que toman especial cuidado al examinar las historias médicas de sus pacientes lo hacen precisamente para descartar estos golpes de la vida, así como los efectos de enfermedades físicas, antes de diagnosticar una depresión.
Pero el manual de la Asociación de Psiquiatría Americana (DSM-IV, según sus siglas en inglés), de los Estados Unidos, no excluye específicamente a la gente que experimenta sentimientos de tristeza profundos, pero normales, a menos que se encuentren afligidos por la muerte de un ser querido. Y un número cada vez mayor de distritos escolares y clínicas médicas usan simples listas para diagnosticar la depresión, listas que no toman en consideración el contexto, afirman los autores.
"Cada vez un número mayor de gente asegura que tiene alguno de los síntomas que figuran en esas listas y no hay manera de saber si se trata de una respuesta de tristeza normal o un verdadero caso de depresión", asegura Jerome C. Wakefield, profesor de trabajo social en la Universidad de Nueva York y autor principal de este estudio.
Sus coautores fueron Mark F. Schmitz, de la Universidad Temple, Allan V. Horwitz, de la Universidad Rutgers, y el doctor Michael B. First, psiquiatra en Columbia y editor de la última versión del manual de diagnósticos de la asociación psiquiátrica.
Estimaciones exageradas
Los descubrimientos del estudio sugieren que los estimativos previos, que sostenían que el número de norteamericanos que sufrieron depresión por lo menos una vez en su vida 30 millones son por lo menos un 25% demasiado alto.
El doctor Darrel Regier, director de investigación en la Asociación de Psiquiatría Americana, afirma: "Creo que las preocupaciones que genera este estudio son reales, y que debemos ser muy cuidadosos para no diagnosticar de más una respuesta normal a una pérdida y llamarla trastorno". Pero también agrega que las listas para diagnosticar la depresión, de hecho, ayudaron a identificar personas con necesidad de tratamiento.
Los investigadores analizaron las respuestas de 8098 adultos para inspeccionar preguntas formuladas entre 1990 y 1992. Las preguntas se basaron en criterios de diagnóstico para problemas de cambio de humor y le preguntaban a la gente que reportaba un período de tristeza si recordaba algún evento que podría haberlo causado, como la muerte de alguien querido o un divorcio.
El manual de diagnóstico hace una distinción entre la aflicción severa, que predispone para una depresión duradera y tiende a ser una situación poco habitual, y el dolor normal, que parece depresión, pero desaparece luego de algunas semanas o meses.
Los investigadores encontraron 56 personas en las encuestas que estaban atravesando por esta reacción normal luego de la muerte de alguien cercano. Otras 174 luchaban con niveles normales de angustia luego de un golpe de otra especie, como el final de una relación o un trabajo perdido, situaciones que obtendrían un diagnóstico de depresión bajo la definición actual.
Los investigadores luego compararon los dos grupos de respuestas a las preguntas acerca de nueve síntomas depresivos, incluidos la pérdida de apetito, los trastornos del sueño y los pensamientos suicidas. La única diferencia significativa que encontraron fue que aquellos deudos de un pariente muerto tenían el doble de pensamientos acerca de la muerte o el suicidio de los que se encontraban procesando otro tipo de pérdida.
"El perfil de estos dos grupos es tan, tan similar", asegura el doctor Wakefield, que no justifica la exclusión de uno de estos grupos, y no la del otro, del diagnóstico de la depresión.
Los autores no extrajeron conclusiones acerca de las implicaciones que su estudio tiene en los tratamientos. Los médicos a menudo tratan las reacciones normales de pena si los pacientes sienten un dolor considerable. Pero éstos no deberían ser identificados como depresivos, concluyen los autores.
Por Benedict Carey
De The New York Times
Números en alza
- Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión constituye la cuarta causa de enfermedad, y se estima que en 2020 pasará a ser la segunda.
- Alrededor de 121 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión, según la OMS, organización que estima que sólo el 25% accede al tratamiento.
- Entre el 60 y el 80% de las personas con diagnóstico de depresión responden a los tratamientos con medicación antidepresiva asociada a psicoterapias breves.
- En la Argentina, el uso de antidepresivos creció 12% en tan sólo un año, según estadísticas de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/898002
Friday, February 16, 2007
Neurogenesis - Confirman que las neuronas se renuevan
Se sabía ya que los mamíferos, como las ratas y los ratones, crean neuronas a lo largo de su vida y existía evidencia indirecta de que los seres humanos también pueden hacerlo. Ahora, un equipo dirigido por Maurice Curtis, de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) y Peter Eriksson, de la Academia Sahlgrenska (Suecia) halló estas células que habían eludido a los investigadores con estudios de resonancia magnética en tejidos cadavéricos.
Como sucede en los animales, esas células nacen en una parte del cerebro y migran a la región donde se procesa el olfato. En el camino, maduran hasta convertirse en neuronas. En los animales, el daño cerebral genera el nacimiento de nuevas células. "El estudio proporciona sustento a esa posibilidad en el cerebro humano adulto", afirman los científicos.
Las personas poseen un cerebro más desarrollado, por lo que la búsqueda de esas células fue más compleja. En los animales, esas células nacen en el prosencéfalo y migran al centro del olfato, donde intervienen en el aprendizaje y la adaptación a nuevos olores.
Ciertos estudios demuestran que la pérdida del olfato sería una señal precoz de enfermedad cerebral degenerativa, como el Parkinson. "Este estudio es muy importante porque revela que existen neuronas en los adultos que se están regenerando constantemente", dijo Mark Baxter, de la Universidad de Oxford, Gran Bretaña.
Estos resultados abren un nuevo camino para descubrir cómo reparar daños cerebrales producidos por lesiones o enfermedades. "Ayudan a comprender la biología de las células madre es básico para estudiar la reparación cerebral en enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y la aparición de tumores cerebrales", señaló Sebastian Brandner, jefe de la División de Neuropatología del Instituto de Neurología del University College, de Londres.
Maggie Fox - La Nacion
Sunday, December 24, 2006
H. Lopez - Sobre la mente de las máquinas y el moterialismo del inconsciente
Como es largo no daba para blogearlo, asi que dejo links directos a los textos.
Primera Parte
Segunda Parte
Fuente: http://www.elsigma.com.ar/
Monday, December 04, 2006
Juan Pundik - Desdeprímansen
ABUSO MEDICO EN LA INDICACION DE PSICOFARMACOS
¡Desdeprímansen!
El autor, psicoanalista argentino residente en España, advierte sobre la creciente práctica de recetar psicofármacos en situaciones donde la depresión no es una “enfermedad”, sino la expresión de una situación de duelo que debe ser elaborada.
La depresión es la etapa fundamental del proceso del duelo. Cuando el duelo no se cumple y los estados depresivos se hacen patológicos, la medicación antidepresiva actúa como anestésico-analgésico, que además puede bloquear el proceso de duelo. Por otra parte, cuando desaparece su efecto son necesarias nuevas dosis. Y así hasta siempre. El paciente se acostumbra, hay que modificar las dosis y los compuestos. Los efectos secundarios psicosomáticos transforman al depresivo en un zombi con afecciones somáticas de toda naturaleza. La medicación antidepresiva genera adicción y perturba el funcionamiento del sistema digestivo. Sólo debiera ser administrada por tiempo limitado y como puente para darle tiempo a que funcione la terapia.
Esta postura no implica el rechazo de la medicación antidepresiva ni su desvalorización. Me he encontrado en la tesitura de derivar consultantes al psiquiatra para que fueran medicados, ya que su grave estado depresivo no permitía las condiciones necesarias para que el consultante pudiera asistir a sus entrevistas e incluso para evitar la baja laboral. Mantener al paciente deprimido entretenido y ocupado en sus actividades habituales, cuando esto es posible, favorece el proceso de la cura. El rechazo que propongo es a la utilización generalizada, desmedida, contraindicada y perversa de la medicación, tal como se está practicando en nuestra sociedad, en la que el medicamento se ha transformado en un objeto más, cuyo consumo se publicita y promueve mediante una mercadotecnia similar a la que se usa para imponer una nueva gaseosa, colonia o prenda de vestir, con el objetivo además de que pueda despreocuparse de sus problemas, insensibilizarse ante la frustración y los sentimientos molestos y evitar pensar. Todo lo cual no le permite enfrentar la vida con los reflejos y la creatividad necesarios para resolver verdaderamente sus problemas. En 1996, en su libro El precio del bienestar, el profesor Edouard Zarifian escribió: “El presunto enfermo es de hecho un desdichado, el medicamento una sustancia que le procura bienestar y el médico el recurso más fácil y menos oneroso para un desdichado que acepta seguir siéndolo”.
Habitualmente la depresión se hace presente bajo la forma de un estado de tristeza, inapetencia, apatía y desánimo. En condiciones normales forma parte de un mecanismo elaborativo de las pérdidas; un mecanismo destinado a que el sujeto no quede afectiva y libidinalmente adherido al objeto perdido; este proceso psíquico le permite desprenderse del mismo y continuar con la dinámica de la vida. Ni la psiquiatría clásica ni el psicoanálisis le dieron a la depresión una entidad clínica autónoma. En su complejidad, el mecanismo fue denominado, por Freud, duelo.
La pérdida, por antonomasia, suele ser el fallecimiento de un ser querido. La etapa depresiva del duelo se constituye como la manera, lenta y progresiva, en que el sujeto se va acostumbrando a la pérdida y a separarse del objeto perdido. Cuando por alguna circunstancia el duelo no tiene lugar y la persona no hace el proceso depresivo, corre el riesgo de no separarse, de quedarse pegada a un cadáver y de, progresivamente, pérdida tras pérdida sin elaborar, transformarse, metafóricamente, en una suerte de transportador de cadáveres. Queda entonces bajo el riesgo de que un episodio actual le desencadene un estado depresivo, una crisis depresiva o incluso una depresión crónica.
El duelo, y la consecuente depresión, pueden producirse no sólo por la muerte de un ser querido. Su enfermedad o la propia, el deterioro, el estado de malestar, el fracaso, el alejamiento de un ser querido también implican pérdidas que deben ser elaboradas. Suspender una asignatura, repetir curso, perder el empleo, fracasar en un proyecto, no ser reconocido meritoriamente tal como se esperaba, ser robado, perder dinero, son algunos ejemplos de otras pérdidas que también requieren el proceso elaborativo del duelo.
En muchas situaciones, determinar la causa que ha provocado el proceso depresivo del consultante puede ser difícil. En un artículo titulado Los que fracasan cuando triunfan, Freud describe los procesos patológicos y sintomáticos en que puede caer un sujeto al ver cumplidos sus proyectos, sus sueños, sus ilusiones, sus expectativas. Por ejemplo, el estudiante que, después de muchos años de vida organizada y dedicada, sale de la universidad con su diploma bajo el brazo: siempre pensó que ése iba a ser uno de los días más felices de su vida, y de repente se encuentra encerrado en su cuarto, triste, lloroso, con el agravante de que él y todos los que lo rodean suponen que debiera sentirse feliz. Veinte años de su vida previstos, programados, rítmicamente establecidos en un calendario, se han terminado. ¿Y ahora qué? Ahora tiene que comenzar nuevamente a proyectar su futuro.
La consecución de cualquier objetivo importante en la vida puede culminar en un proceso depresivo. Que puede ser breve y, en consecuencia, normal. O que puede constituirse en una patología paralizante y, en consecuencia, en un síntoma. La depresión posparto, que a veces se constituye en una auténtica locura posparto, es una manifestación habitual de la que la embarazada y su familia deberían estar advertidas.
La pareja de novios que ha dedicado durante años la mayor parte de su energía libidinal a instalar su piso y preparar su boda, se hace la ilusión de que el viaje de bodas va a constituir la apoteosis de su felicidad. Y muchas veces se descubren, frente a frente, en la habitación de un hotel, sumidos en un estado depresivo. Tantos años de ilusiones y proyectos ya se han cumplido. Ahora habrá que inventarse una nueva etapa con nuevas ilusiones y proyectos. Sin éstos, sin fantasías, sin deseo, sin objeto, la vida se hace poco soportable.
La energía afectiva, amorosa, erótica y sexual tiende a depositarse en un objeto. Cuando el objeto desaparece, el sujeto, ante la pérdida, entra en un proceso de malestar elaborativo, que es el duelo. Se produce una caída fantasmática, que lo coloca ante la cruda inexistencia de lo que Jacques Lacan denominó “objeto a”, que lo deja inerme ante su inevitable destino final. La reconstrucción de su constructo fantasmático requiere la posibilidad de depositar la libido en un nuevo objeto. Para ello debe previamente deslibidinizar, retirar la carga afectiva depositada en el objeto perdido. Esta posibilidad sostiene el proceso elaborativo del duelo y es el camino de salida del estado depresivo.
El proceso de duelo puede presentar tres momentos diferenciados, aunque no todos sean indispensables para cumplir con éste. Estos tres momentos, ya descritos por Freud, son la negación, la manía y finalmente la depresión.
El aparato psíquico, el inconsciente, cuya función es asegurar la supervivencia, tiende a proteger el cuerpo de toda intrusión del goce mortífero. Es lo que intenta mediante el mecanismo de negación, como parte generalmente inicial del proceso de duelo. Cuando ello ocurre, el sujeto niega la pérdida, pone en duda que la repentina pérdida se haya producido realmente. Mientras tanto, el sujeto, inconscientemente, se va preparando para asumirla gradualmente.
El segundo mecanismo posible que el duelo pone en funcionamiento es la manía. Es lo que a veces provoca que la situación desgraciada desencadene risa. Uno llega circunspecto a un velatorio y se encuentra con que los deudos, en rueda, se dedican a contar chistes y festejarlos riendo.
Finalmente, debe surgir lo inevitable: el estado depresivo. Sin proceso depresivo no hay elaboración del duelo. Para poder llegar a libidinizar un nuevo objeto que le permita mantener el sentido de la vida, el sujeto debe deslibidinizar el objeto perdido. El proceso depresivo tiene esa finalidad. Si ésta no se cumple, lo que debería ser una depresión normal, temporal, puede conducir a depresiones crónicas y conductas nostálgicas. El sujeto queda libidinalmente pegado al objeto perdido. Por ejemplo, la viuda que nos enseña orgullosamente el despacho de su marido fallecido hace quince años. Nada ha sido removido de su sitio. Como si estuviera aguardando su regreso.
La resistencia del individuo a cumplir el proceso depresivo impide la deslibidinización del objeto. El sujeto queda adherido a un cadáver, a la pareja perdida, al hijo que se ha ido a vivir lejos, a la tierra que ha tenido que abandonar, a su propio cuerpo que ha perdido las facultades de la juventud. Todas estas circunstancias pueden manifestarse mediante estados de depresión patológicos y, en muchos casos, crónicos. Pero, en la sociedad capitalista globalizada contemporánea, el sujeto deprimido, con su apatía, su desinterés, su inhibición y su imposibilidad, transgrede las exigencias de rendimiento económico, productividad y consumo en las que se apoya el sistema y que necesita el mercado. Entonces, la industria farmacéutica ofrece atajos, presuntamente más rentables: esos estados depresivos corresponden a niveles bajos de serotonina, sustancia que actúa como neurotransmisor en el sistema nervioso central y otros órganos. Entonces el psiquiatra, pero también el médico generalista, asesorados por los laboratorios farmacéuticos, responden a la queja del paciente por su estado, considerado depresivo, administrándole, como terapéutica universal, medicamentos cuyos componentes activos son la fluoxetina y la paroxetina, recaptadores de la serotonina.
Los estados depresivos quedan así reducidos a un desorden químico. El medicamento, en estos casos, es inseparable del criterio de reducir todo proceso subjetivo a procesos químicos. El medicamento puede o no suprimir el síntoma depresivo. Cuando lo consigue, es probable que condene al sujeto a vivir toda su vida drogado, sometido a su poder adictivo y a sus minusvalidantes efectos secundarios. Lo que no conseguirá es que el sujeto cumpla el proceso depresivo que el duelo exige, para desprenderse afectivamente de los objetos perdidos y quedar en condiciones de libidinizar nuevos objetos.
El psiquiatra estadounidense Peter Kramer, en su libro Escuchando al Prozac, hace referencia a un diagnóstico en los siguientes términos: “No sé muy bien de qué se trataba pero, si el paciente respondió bien a un antidepresivo, entonces era un deprimido”. Estamos, como se puede apreciar, ante una clínica que se organiza, no en relación con una persona concreta que consulta por su malestar, provocado por las vicisitudes de su historia individual, sino en relación con un fármaco que se administra experimentalmente, de una manera generalizada, a todos los pacientes cualquier sea el criterio diagnóstico. Y, insistamos, no sólo lo administran los psiquiatras: actualmente es mucho mayor la cantidad de recetas de antidepresivos extendidas por médicos del resto de los especialidades, tales como generalistas, de cabecera y de familia.
Estamos ante la clínica globalizada del consumo del fármaco, que se dedica a colocar continuamente nuevas sustancias a disposición del mercado, intentando borrar nuestra condición de sujetos individualizados, resultado de una historia particular, y que se propone someternos totalitariamente a la condición de usuarios y consumidores pasivos.
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-76965-2006-12-04.htmlTuesday, October 17, 2006
Mariana Carbajal - Las pastillas que no tienen edad
Las pastillas que no tienen edad
La industria farmacéutica facturó el año pasado 150 millones de pesos en estimulantes y otras drogas para chicos, un 50 por ciento más que en 2004. Y ya se pidió un aumento en el cupo para Argentina del metilfenidato, la droga estrella para tratar el llamado ADD. Los especialistas advierten el riesgo de la “medicalización” de la infancia.
Por Mariana Carbajal
La venta de los estimulantes y otras drogas que se recetan a chicos inquietos y desatentos en el aula aumenta sin pausa en la Argentina: la industria farmacéutica facturó en 2005 alrededor de 150 millones de pesos en ese rubro, un 50 por ciento más que en 2004. El principal psicofármaco que se usa para tratar los cuadros diagnosticados con el llamado Síndrome de Déficit de Atención con y sin Hiperactividad (ADD/ADHD, por su sigla en inglés) es el metilfenidato, una droga de acción similar a las anfetaminas, que por su potencialidad adictiva está incluido en el listado de drogas de alta vigilancia controladas por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU. Cada país tiene un cupo máximo de importación de metilfenidato por año fijado por la JIFE. Por el crecimiento del mercado, para el 2007, los laboratorios locales pidieron al Gobierno ampliar esa cuota en casi un 40 por ciento. “El Estado debería explicar cómo una droga que está controlada se vende masivamente”, cuestionó el prestigioso neuropediatra León Benasayag. Mientras crece la polémica en torno de si se trata de una patología inventada por la industria y se alerta cada vez más sobre los efectos adversos en niños del metilfenidato y otros estimulantes, especialistas advierten que la medicación del ADD y ADHD es sólo la punta de un iceberg de una tendencia en aumento de “patologización” de la infancia, impulsada por laboratorios que buscan ampliar un mercado adulto saturado. “Ahora la nueva moda mundial es utilizar antidepresivos en chicos”, apuntó Benasayag.
“En los últimos tiempos observamos asombrados un incremento increíble de ‘diagnósticos’ rápidos, cada uno de los cuales viene acompañado con su respectiva etiqueta y su sigla en inglés: tenemos así las aulas pobladas con chicos con ADD/ADHD, TEA, TOC, ODD y por qué no algunos TGD”, reveló a Página/12 la psicopedagoga Gabriela Dueñas, que se desempeña en varios colegios privados de la zona norte del conurbano. TEA es Trastorno Específico de Aprendizaje; TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo (el que sufre Jack Nicholson en su genial personaje del film Peor imposible); ODD es Trastorno Oposicionista Desafiante, “el chico problema, el cuestionador y desafiante”, aclara Dueñas; y TGD se refiere a Trastornos Generalizados del Desarrollo. La tendencia a rotular y medicalizar a los chicos –agrega Dueñas– se observa en colegios a los que concurren alumnos de sectores medios y altos del Gran Buenos Aires y la Capital Federal. “Al diagnosticar con ligereza estos cuadros les dicen a los padres que sus hijos tienen un problema de base constitucional genético y por lo tanto crónico. El etiquetamiento de un niño tiene consecuencias. La imagen que los otros, particularmente sus padres y maestros, le devuelven de sí mismo durante su infancia y adolescencia sin dudas lo afectará de manera muy importante en el desarrollo de su personalidad y la construcción de su autoestima. Hace unos días la psicóloga de un colegio en el que trabajo me dice sobre un alumno: ‘Tal vez este chico necesite medicación’. El chico pega a sus compañeros. Pero resulta que la hermana mayor, una adolescente malhumorada, tiene autorización de sus padres para fajarlo si se porta mal. La madre, observé, se refiere a él con palabrotas. A mí, el nene me contó que la abuela le recomendó que si un compañero le pega, que él le pegue también y si lo sigue ‘jodiendo’, que ‘le apriete los huevos’. El chico repite lo que vive en la familia pero no necesita medicación”, cuenta la psicopedagoga Dueñas, licenciada en Ciencias de la Educación.
“Nos encontramos con niños que son rotulados y medicados por presentar dificultades en la escuela o en el ámbito familiar de un modo inmediato, sin que nadie los haya escuchado; sin referencias a su contexto y a su historia, sin que se haya realizado ningún intento de comprender sus conflictos ni de ayudarlo de otros modos. Estamos en un momento crítico, porque los laboratorios avanzan en su intento de que todo sea medicado. Lo que está pasando con este tema es atroz. Se medica a chicos chiquitos como si se les diera agua, con una medicación que trae problemas de crecimiento, trastornos cardíacos, aparición de síntomas psicóticos”, señala Beatriz Janin, reconocida psicoanalista de niños, profesora de posgrado de la UBA y directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños de la UCES en convenio con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
“Hay un problema muy serio porque se reduce la diferencia en los chicos a categorías psicopatológicas. No se hace un diagnóstico sutil y diferencial como se requiere en estos casos. Y se recurre a la medicación rápidamente”, opinó Marisa Rodulfo, otra prestigiosa especialista, profesora de Clínica de Niños y Adolescentes y docente de posgrado de la Facultad de Psicología de la UBA.
Benasayag, Janin, Rodulfo y Dueñas junto con la doctora en psicoanálisis Silvia Bleichmar y el neuropediatra Jaime Tallis, coordinador del Equipo Interdisciplinario en Aprendizaje y Desarrollo del Hospital Durand, elaboraron un documento que alerta sobre “el auge que ha tomado en los últimos años la patologización y medicalización de la infancia”. El texto, que fue entregado en el Ministerio de Salud de la Nación, se ha convertido en un “Consenso de Expertos sobre el llamado ADD/ADHD” al que han adherido ya casi un millar de especialistas de todo el país, entre ellos de la Sociedad Argentina de Pediatría, de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, del Colegio de Psicopedagogía de Santa Fe, de los hospitales de niños Garrahan y Ricardo Gutiérrez, de la UBA, entre otras instituciones abocadas al tema.
Puntualmente, objetan el extendido diagnóstico del ADD/ADHD y la prescripción indiscriminada de metilfenidato y otras drogas para su tratamiento: debe ser “el recurso último y no el primero”, señalan. Además, advierten sobre los efectos adversos de estos psicofármacos en la salud infantil, con cuadros que ya se están observando en las aulas y en los consultorios, luego de más de una década de diagnóstico de este cuestionado síndrome. “Los chicos que vienen medicados desde hace años con metilfenidato empiezan a tener tics, cuadros depresivos, trastornos de la alimentación. Algunos pierden el apetito. He visto a un chico de primer grado bajar siete kilos. Otros tienen dolores de cabeza o molestias urinarias: a veces te das cuenta de que está medicado por la cantidad de veces que va al baño en el día”, señaló Dueñas.
–¿Existe o no el ADD y ADHD? –le preguntó Página/12 a Benasayag.
–Lo que no se puede decir es que sea una nueva patología, como sostienen muchos. Se trata del viejo conjunto de síntomas conocidos con Disfunción Cerebral Mínima en chicos, publicado en febrero de 1973. Este cuadro recibió múltiples denominaciones a lo largo del tiempo. Sucede que están englobando bajo esas siglas distintas situaciones cuyo tratamiento no requiere medicación –explicó el neuropediatra, que fue profesor en la Facultad de Medicina de la UBA.
A pesar de cada vez se conoce más sobre los riesgos en los chicos de las drogas usadas en el tratamiento del llamado Trastorno de Déficit de Atención y crece el número de especialistas en el país que se opone a su prescripción indiscriminada, las ventas de los laboratorios siguen en alza. Los informes del Indec sobre la industria farmacéutica muestran que la facturación anual de los psicoanalépticos (en su mayor parte corresponden al metilfenidato, pero también incluye a la atomoxetina) llegó en 2005 a 153.581.000 pesos (a precios corrientes de salida de fábrica, sin IVA), cuando en 2004 fue de 100.678.000 pesos. Cuatro años atrás, en 2001, había sido de 89.585.000 de pesos.
Pagina 12, Martes 17 de Octubre --> http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-74605-2006-10-17.html
Sunday, October 01, 2006
C. R. Rogers - Ideas personales sobre la enseñanza y el aprendizaje
13
IDEAS PERSONALES SOBRE LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE
Este es el capitulo mas breve del libro, pero si mi experiencia tiene valor, es también el mas explosivo. Su historia (a mi juicio) es bastante divertida.
Con varios meses de anticipación, me había comprometido a participar en una asamblea organizada por la Universidad de Harvard sobre el tema "La influencia sobre la conducta humana; su enfoque en el aula". Los organizadores me solicitaron que preparase una demostración de "enseñanza centrada en el alumno", es decir, enseñanza basada en los principios terapéuticos aplicados a la educación. Pensaba que seria muy artificial y poco satisfactorio pasar dos horas tratando de ayudar a un grupo intelectualizado a decidir cuales eran sus propios propósitos y responder a los sentimientos que surgieran en sus miembros, de modo que no sabia que decirles.
En ese momento viaje a México para pasar mis vacaciones de invierno; allí pinte, escribí, tome fotos y me sumergí en las obras de Soren Kierkegaard. Estoy seguro de que su honestidad al llamar las cosas por su nombre influyo sobre mi más de lo que yo mismo creía.
Cuando se aproximo la hora de volver debí enfrentarme con mi obligación. Recordé que en ciertas oportunidades había logrado iniciar en clase discusiones muy significativas, expresando alguna opinión muy personal, y que luego había tratado de comprender y aceptar las reacciones y sentimientos, a menudo muy dispares, que despertaba en el auditorio. Esta me pareció una manera adecuada de cumplir con el compromiso contraído en Harvard.
Por consiguiente, comencé a escribir, con la mayor honestidad de que era capaz, acerca de mis experiencias en la enseñanza --según la definición que dan los diccionarios de esta palabra--, e hice lo mismo con mi experiencia respecto del aprendizaje. Me aleje mucho de los psicólogos, educadores y colegas cautelosos; simplemente exprese lo que sentía, con la seguridad de que si estaba equivocado, la discusión me ayudaría a corregirme.
Puedo haber sido ingenuo, pero no pensé que el material fuera explosivo. Después de todo, los miembros de la asamblea eran docentes accesibles y capaces de autocrítica y los vinculaba su interés común por el método de discusión en el aula.
Cuando estuve frente a ellos expuse mis puntos de vista tal como figuran mas adelante; eso no me llevo mucho tiempo, y en cuanto termine declare abierta la discusión. Esperaba una respuesta, pero no precisamente el tumulto que se desato, ya que se manifestaron sentimientos muy intensos: muchos sintieron que yo representaba una amenaza para su trabajo, que en realidad me había expresado mal y que yo mismo no debía creer en algunas de las cosas que dije, pero se oyó también una que otra tímida voz de aprobación por parte de alguien que había sentido las mismas cosas que yo, pero nunca se había animado a expresarlas.
Me permito decir que ni un solo miembro del grupo recordó que se trataba de una reunión programada para tratar el tema de la enseñanza centrada en el alumno, pero espero que al pensar en ella cada uno haya advertido que vivió una experiencia de esa enseñanza específicamente. En aquella ocasión rehusé defenderme replicando a las preguntas y ataques provenientes de todos los ángulos; en cambio, me esforcé por aceptar y empatizar con la indignación, frustración y criticas que surgían de los participantes; señale que solo había expresado algunos puntos de vista muy personales y que no había solicitado ni esperado que los demás estuvieran de acuerdo. Después de la tormenta, los miembros del grupo comenzaron a expresar con mayor franqueza sus propios puntos de vista acerca de la enseñanza; con frecuencia estos diferían radicalmente entre si y también de los míos. Fue una sesión estimulante, y me pregunto si alguno de los participantes habrá podido olvidarla.
Por la mañana siguiente, cuando me disponía a abandonar la ciudad, escuche uno de los comentarios más significativos, proveniente de uno de los miembros de la asamblea. Todo lo que dijo fue: "Por usted, mucha gente no durmió anoche."
Nunca intente publicar este pequeño fragmento. Mis ideas sobre la psicoterapia ya me habían convertido en una "figura controvertida" entre psicólogos y psiquiatras, y no tenia interés alguno en agregar a los educadores en la lista. Sin embargo, los miembros de la asamblea reprodujeron y difundieron mi exposición, de manera que varios años mas tarde, dos revistas solicitaron permiso para publicarla.
Después de esta larga reconstrucción histórica, tal ves el capitulo mismo sea una desilusión. Personalmente, nunca creí que fuera incendiario. Expresa algunos de mis criterios más profundos sobre el problema de la educación.
Deseo presentar algunas breves observaciones; espero que si provocan cierta reacción en ustedes, ello me ayude a esclarecer mis propias ideas.
Me resulta muy difícil pensar, sobre todo cuando pienso en mis propias experiencias y trato de captar su significado inherente y más genuino. En un comienzo el pensamiento resulta muy gratificante, porque parece descubrir el sentido y la armonía de una multitud de acontecimientos separados; pero pronto se vuelve desalentador, porque advierto que esos pensamientos, tan valiosos para mi, pueden parecer ridículos a la mayoría de las personas. Mi impresión es que cuando trato de encontrar el sentido de mi propia experiencia, esta casi siempre me conduce en direcciones que otros consideran absurdas.
Por consiguiente, en los próximos minutos tratare de resumir el significado que ha tenido para mí mi experiencia en el aula y en la terapia individual y grupal. Mis palabras no pretenden ser conclusiones para otros, ni deseo proponerlas como guía. Son solo los significados provisionales de mi experiencia hasta abril de 1952 y algunas de las difíciles cuestiones que plantea su carácter absurdo. Presentare cada idea o significado en un párrafo individual, no porque requieran un orden lógico particular, sino porque cada una tiene para mi su propia importancia.
a. Considerando los propósitos de esta asamblea, la siguiente idea bien puede figurar en primer lugar: Mi experiencia me dice que no puedo enseñar a otra persona como enseñar. En última instancia, intentar algo así resulta inútil.
b. Pienso que cualquier cosa que pueda enseñarse a otra persona es relativamente intrascendente y ejerce poca o ninguna influencia sobre la conducta. Esto suena tan absurdo que no puedo evitar cuestionarlo en el mismo momento en que lo enuncio.
c. Cada vez estoy más convencido de que solo me interesa el aprendizaje capaz de influir significativamente sobre la conducta. Tal vez esto no sea más que un punto de vista personal.
d. He llegado a sentir que el único aprendizaje que puede influir significativamente sobre la conducta es el que el individuo descubre e incorpora por si mismo.
e. El aprendizaje basado en el propio descubrimiento, la verdad incorporada y asimilada personalmente en la experiencia, no puede comunicarse de manera directa a otro. En cuanto el individuo, a menudo con un entusiasmo muy natural, trata de transmitir esa experiencia de modo inmediato, la transforma en enseñanza y sus resultados pierden trascendencia. Hace poco me sentí aliviado al descubrir que Soren Kierkegaard, el filosofo dinamarqués, llego a la misma conclusión mediante su propia experiencia y la expreso con gran claridad hace un siglo, lo cual confiere mayor lógica a mi enunciado.
f. Como consecuencia de lo anterior, advierto que he perdido el interés en ser un educador.
g. Cuando trato de enseñar, los resultados a veces me espantan, ya que además de ser incoherentes, en ocasiones la enseñanza parece tener éxito. Cuando esto sucede veo que las consecuencias son perjudiciales: el individuo desconfía de su propia experiencia y esto impide el aprendizaje significativo. Por consiguiente, he llegado a sentir que los resultados de la enseñanza son intrascendentes o bien dañinos.
h. Cuando reviso los resultados de mis experiencias pasadas en el terreno de la enseñanza, todos me parecen iguales: hubo un perjuicio o bien no ocurrió nada significativo, lo cual es francamente perturbador.
i. Por consiguiente, pienso que solo me interesa aprender, incorporar preferiblemente cosas importantes que ejerzan una influencia trascendente sobre mi propia conducta.
j. Me enriquece aprender, ya sea en grupos, en relaciones con otra persona --como en la terapia-- o por mi propia cuenta.
k. Pienso que una de mis mejores maneras de aprender --pero también una de las más difíciles-- consiste en abandonar mis propias actitudes de defensa, al menos temporariamente, y tratar de comprender lo que la experiencia de la otra persona significa para ella.
l. Otra de mis maneras de aprender consiste en plantear mis propias incertidumbres, tratar de esclarecer mis dudas y acercarme así al significado real de mi experiencia.
m. Todo ese conjunto de experiencias y los significados que hasta ahora he descubierto en el parecen haberme lanzado a un proceso fascinante, que a veces me inspira temor. Consiste en dejarme llevar por mi experiencia, en un sentido que parece ser progresivo, hacia objetivos que apenas puedo discernir, mientras trato de comprender al menos el sentido básico de esa experiencia. Tengo una sensación de flotar en la compleja corriente de la experiencia con la posibilidad fascinante de comprender su complejidad siempre en transformación.
Temo haberme alejado de cualquier tipo de discusión acerca del aprendizaje o de la enseñanza. Permítaseme introducir una observación practica: en si mismas, estas interpretaciones de mi propia experiencia pueden parecer extrañas y desviadas, pero no particularmente sorprendentes. Al comprender sus implicaciones, tiemblo al advertir cuanto me he alejado del mundo del sentido común, que todos consideran correcto. La mejor manera de ilustrar esto es decir que si las experiencias de otros hubieran coincidido con las mías, y si los demás hubieran descubierto en ellos los mismos significados que yo, podrían deducir muchas consecuencias:
a. Esta experiencia implicaría nuestro abandono de la enseñanza. Aquellos que desean aprender se acercarían unos a otros para hacerlo.
b. Dejaríamos de lado los exámenes, ya que solo evalúan el aprendizaje de tipo intrascendente.
c. Por la misma razón, dejaríamos de calificar con notas.
d. también abandonaríamos los títulos para evaluar la eficiencia de las personas, puesto que un titulo señala un fin o la conclusión de algo, mientras que el que aprende solo se interesa en el proceso continuo de aprender.
e. abandonaríamos el enunciado de conclusiones, ya que estas no son capaces de pronunciar enseñanzas significativas.
Opino que debo finalizar en este punto, o correré el riesgo de perderme en fantasías. Lo que mas deseo saber es si hay algo en mi pensamiento interior, tal como he intentado describirlo, que evoque la experiencia que otros han vivido en el aula, y en tal caso, cuales son los significados que para esas personas existen en su experiencia.
Carl R. Rogers, "El proceso de Convertirse en Persona", Ed. Paidos, Cap 13, Pags. 241 a 245.
Friday, September 29, 2006
F. Pavlovsky - La tentación: visicitudes de un psiquiatra
La tentación: visicitudes de un psiquiatra
Federico Pavlovsky.
Medico Psiquiatra .
Este es el tipo de notas que generan en quien las escribe una inquietud interna respecto a las consecuencias que puedan traer en la vida y en el trabajo del firmante. De hecho varias personas cercanas me pidieron que no la escriba. Pero curiosamente esa misma sensación de temor fue la usina que me motivo a hacerlo. Pretendo hacer algunas reflexiones acerca de un tema en el que he incursionado en mis primeros años de profesión médica y como psiquiatra en particular. Voy a referirme a la industria farmacéutica y a ciertos mecanismos con los que promocionan sus moléculas entre la comunidad medica. Voy a hacerlo a titulo personal y sin implicar a nadie en particular. Apenas acabo de terminar la residencia de psiquiatría en un hospital general y puedo (para empezar esta reflexión) revelar que distintos laboratorios me han dado a lo largo de estos pocos años: viajes a congresos de psiquiatría (traslado y alojamiento en hoteles para los sucesivos Congresos de APSA en Mar del Plata), desayunos, almuerzos y cenas múltiples, botellas de champagne, biromes, lapiceras, cuadernos, mas viajes y mas becas a congresos. Un dato interesante con relación a los dos congresos de psiquiatría argentinos (AAP y APSA): un porcentaje mayor al 90 % de los inscriptos son becados por los laboratorios. Es un hecho implícito, un tesorero se sorprendería si un psiquiatra hiciese el intento de pagar su inscripción. Creería que se trata de un extravagante. Estos congresos de psiquiatría cuentan con el apoyo masivo de la industria farmacéutica que desembolsa fuertes sumas de dinero en concepto de becas, armados de stands, de actividades “científicas”, en fiestas para los médicos, en cenas y en hoteles. La inmensa mayoría del sorprendente número de 250 psiquiatras argentinos que viajaron hace dos meses al Congreso Mundial de Psiquiatría que se desarrollo en Canada con pasaje aéreo y hotel incluido, lo hicieron gracias al “apoyo” de los laboratorios. Argentina es un país rentable para los laboratorios , hace pocos días el Dr. Eduardo Leiderman publico un trabajo de investigación donde dio cuenta que el 15 % de los encuestados (N 276) de la ciudad de Buenos Aires consumen psicofármacos, tal cifra de prevalencía es una de las mas altas a nivel mundial, superando el 3.5 % del Reino unido, el 5.5 % de EEUU, el 6.4 % de los países de Europa, el 7.2 % de Canada o el 10.1 % de San Pablo, Brasil. El gasto de medicamentos en la Argentina significa entre el 25 y el 30 % del gasto de salud, casi el doble de países como EEUU, Alemania y Canada .
Creo que es importante describir que la industria farmacéutica actúa estableciendo relaciones personales directas con cada uno de los médicos desde el mismo día que ingresan al hospital a hacer su residencia. Ese mismo primer día le piden la matricula, se presentan y comienza el trabajo de adiestramiento. Desde el semillero (centros formativos de especialistas como lo son las distintas residencias medicas) hasta las grandes figuras de la profesión, la industria ha implementado una estrategia eficaz de venta y promoción de sus productos. Philippe Pignarre en su libro “ El gran secreto de la industria farmacéutica ” revela que este sector es la “joya” de la industria capitalista y por lejos su industria mas rentable: los márgenes brutos giran en torno al 70 y hasta el 90 % y su tasa de ganancias es la mas elevada de todas, por encima de la actividad financiera y las demás industrias. También señala que los “ ensayos clínicos ”, hoy la única vía oficial de comparar la eficacia y tolerabilidad de un fármaco y de poder comprobar si es mas eficaz que otro, en un comienzo (década del 60) era un instrumento de control por parte del estado hacia la industria farmacéutica. Años mas tarde este control (de la ratio riesgo/beneficio) fue delegado a la industria farmacéutica y lo que antaño fue un elemento de monitoreo paso a ser (y lo es en la actualidad) una herramienta para introducir nuevos fármacos y extender su uso lo mas posible, aumentando progresivamente el numero de pacientes a los que se los prescribe y luego induciendo en los médicos nuevos “hábitos de prescripción”. Desde los primeros días en el hospital comencé a notar la importancia que tienen los Agentes de Propaganda Medica (APM). Primero son los que te dan muestras gratis para los pacientes, luego te invitan a actividades “formativas” y cuando tienen mas confianza llegan incluso a realizar ofrecimientos explícitos de “retorno”, es decir, (y hablo en primera persona claro…) ofrecen una suma de dinero en cambio de una cantidad de recetas de una droga especifica que haya lanzado tal o cual laboratorio. A modo de prueba uno tiene que entregar una lista con los pacientes que esta atendiendo y consignar allí la medicación (con la marca claro) que están tomando. Ahora, por fuera de estos ofrecimientos a psiquiatras particulares, cabe una pregunta: ¿ Cómo sabe un laboratorio especifico si un psiquiatra receta o no una droga con su marca comercial? También eso tiene una explicación: los laboratorios compran a las farmacias sus registros, violando las leyes vigentes de privacidad, y así confeccionan una “ auditoria ” con la que hacen un fiel diagnostico de cuanto, como, donde y que , receta cada uno de los médicos psiquiatras. Esta es una manera de ponerse en contacto con los grandes prescriptores de drogas, que siguiendo la lógica instalada serán también los mayores receptores (en caso que acepten claro) de regalos, dinero o premios de distintas características. Hace poco un APM me dijo: “Te esta dando mal la auditoria…”. El buen hombre me estaba diciendo que estaba recetando poco las drogas del laboratorio al cual representa. Hacia su trabajo. Lo curioso es que en el momento me sentí culpable y hasta casi me disculpo. ¡Hasta ahí llegamos! Cuando uno va ganando experiencia en este terreno comprende algo muy simple: la industria farmacéutica es un negocio y cualquier ayuda, sponsor o beca forma parte de una estrategia sostenida por conceptos teóricos de mercadotecnia que están dirigidos a promover una generación de médicos psiquiatras que “dependan” de los laboratorios. Viajar al exterior a los congresos de psiquiatría o incluso a las jornadas nacionales son ejemplos cotidianos en donde los psiquiatras le pedimos “ayuda” a los laboratorios. Cuando un publicista diseña una campaña para vender pañales, la desarrolla en función de la idiosincrasia, expectativas, perfil y estrato económico de la persona que los comprara, seguramente la madre. El publicista tiene claro que debe convencer a esa madre para que compre ese artículo para su hijo. El bebe aun no tiene voz ni voto aunque las publicidades intenten dar cuenta de sus rostros felices y traseros secos. Sirve tal ejemplo para realizar una extrapolación: los pacientes (y en particular los que padecen de sufrimiento psíquico) podrían ser comparados con estos recién nacidos. Lo digo porque los laboratorios no le venden a los pacientes sus moléculas, tienen claro que es a los médicos a quienes tienen que convencer . Además establezco esta semejanza entre ambos dispares “consumidores finales de productos” ya que no puedo dejar de pensar que ambos comparten un cierto nivel de indefensión.
Tenemos entonces a enormes empresas internacionales y nacionales con una necesidad: vender drogas. Tenemos una generación de médicos en pésimas condiciones laborales, victimas del burn out, el cansancio y la frustración cotidiana. Tenemos una compleja estrategia (diseñada por expertos en ventas) para captar a los médicos en un sutil contrato implícito y a veces explicito: “ Si vos nos ayudas (recetando una determinada droga ) nosotros te vamos a ayudar ”. Y tenemos a los pacientes, en el medio.
Esta nota es escrita por alguien que “desde adentro” se siente preocupado por esta modalidad de trabajo. Debo aclarar que estas prácticas que quizá generaran sorpresa en algunos y enojo en otros, están absolutamente naturalizadas en la práctica cotidiana médica aunque solo puedo dar cuenta de mi especialidad, que es la psiquiatría. En mi limitada experiencia en congresos y jornadas no he escuchado hablar de este tema, no he escuchado polémicas ni cruces al respecto. Es un tema que esta ahí, que todos conocen, pero que no se habla. Es un tema tabú. El texto freudiano cobra vigencia. Tabú de las palabras prohibidas : si se habla del tema puede ocurrir algo malo con uno... Nuestra disciplina (la salud mental) es bastante afín a este tipo de situaciones. Me refiero a la práctica psicoanalítica o psiquiátrica ajena a las realidades cotidianas, políticas y culturales. No los voy a cansar con ejemplos. Se de la buena fe y honestidad de muchos de los psiquiatras que aceptan la colaboración de laboratorios para sus viajes o distintas actividades; solo me pregunto en que medida eso incide en la practica, en la manera de atender a los pacientes, en la manera de prescribir medicación. Quiero compartir con ustedes lo que dice la Ley 17.132 (1967) de ejercicio legal de la medicina . Esta establece en su artículo 20 una serie de prohibiciones para la práctica médica. Allí se prohíbe vender cualquier clase de medicamentos (inciso 15) así como también inducir a los pacientes a proveerse en determinadas farmacias (inciso 19) y obtener beneficios de laboratorios de análisis o establecimientos que elaboren, distribuyan, comercien o expendan medicamentos (inciso 21). Como en tantos otros escenarios polémicos y complejos existe una ley que podría regular esta situación. Creo que la psicofarmacología ha sido un gran avance de la medicina y su uso racional nos permite aliviar de manera notable el padecimiento psíquico de muchos pacientes. Lo que me preocupa es la incidencia de esta estrategia de venta en nuestra práctica como médicos psiquiatras. La Asociación Medica Argentina (AMA) en el año 2001 publico el Código de Ética para el Equipo de Salud , allí en su articulo 366 dice: “ Se considera una falta grave a la conducta ética la inducción por parte de empresas y/o laboratorios de productos medicinales, al uso de ciertos medicamentos o equipos biotecnológicos médicos prometiendo dadivas o recompensas” .
Entonces, finalmente… Si para viajar al próximo congreso de psiquiatría en San Diego, USA, en el año 2007, tengo que recetar anualmente 200 antidepresivos de X marca ¿ Eso va a incidir en mi prescripción ? Profesionales a quienes respeto dicen que no. Yo no estoy tan seguro.
O mejor dicho, en mi si podría incidir. Podría tentarme. Por eso escribo este artículo. Como una suerte de exorcismo. De antídoto personal.
Y para terminar cito a un amigo, el Dr. Daniel Thierer, que rememorando a Shakespeare y la venganza temible de Shylok en el Mercader de Venecia, alguna vez me dijo: “ No dejemos que el paciente deje en nuestro consultorio su libra de carne”.
Notas
1- Leiderman E, Mugnolo J, Bruscoli N, Massi J. Consumo de psicofármacos en la población general de la ciudad de Buenos Aires. Vertex. Rev.Arg. de Psiquiat. 2006, Vol. XVII:85-91
2- Velazquez G. Medicamentos: ¿Derecho o mercancía? Le Monde Diplomatique. Julio 2003:32-33.
3- Pugnarre Philippe. El gran secreto de la industria farmacéutica. Editorial gedisa.
Extraido de Revista Topia - Año XVI - Numero 47 - Agosto 2006
