Friday, November 25, 2011

Jose Maria Casas, O La Transfiguracion de la Pintura



Por Claudia Laudanno*

 “Porque lo sublime no alcanza; también se necesita lo sutil, la sutileza consistente en desviar lo real…”. Jean Baudrillard. El complot del arte, 2007. 


A partir del 15 de diciembre y por casi dos meses se extiende DESEMBARCO, la flamante y abultada individual pictórica, del joven artista marplatense, José María Casas, en Babel Art Space, un singular Hotel Boutique, ubicado en el porteñísimo barrio de San Telmo, que apuesta por el joven arte argentino.

La heterogeneidad de las creaciones artísticas actuales, la multiformidad de soportes, materiales, formas, objetos inéditos, que ponen en abismo el status ontológico de la noción misma de “arte” en pos de la pluralidad de “las artes” nos hablan de un radical cuestionamiento de los modos, los “usos” y las “claves”  para acceder a la fruición estética - el goce kantiano -, y su ulterior interpretación por parte del espectador, en esta ya promediada primera década del tercer milenio.

¿Qué pasa con la pintura que se retroalimenta de sus propias fuentes sin cesar? ¿Por qué cada vez más existen jóvenes camadas de artistas que apuestan por otro rango pictórico, más híbrido, más “desfasado”, irónico,  y paradojal, si se quiere? Este “después de la pintura” implica la cesación de los discursos agoreros que se declamaron desde diferentes canales de “validación” del arte, aún hoy, cuando estamos transitando tiempos cuasi alejandrinos, absolutamente post-epocales, en los cuales, es interesante dar cabida a la infinita gama de modulaciones lingüísticas que los discursos del arte nos colocan ante nuestros sentidos y nuestras propias competencias textuales, con el objeto de “abrir la obra en la obra”. 


La pintura que se retira del pasado y toma posesión del presente

Ut pictura poiesis. Pintura como cuerpo. Como piel. Como traza. Como tejido transaccional de acciones, que se superponen unas a otras, cual palimpsesto. Pintura como texto, hecha de contaminaciones visuales, de resabios, de descentramientos, de yuxtaposiciones, de metonimias, que niegan la verticalidad de la metáfora - no hay ausencia, no hay sustitución, pues acá todo es presencia -, y por si fuera poco: sus encadenamientos prima facie anárquicos tejen redes laberínticas ad infinitum. Pintura hecha de prodigalidad, de exacerbaciones, de una dilapidación de medios, de un trop, de un “está de más”. 

Pintura que se sabe en su esencia, naturalmente “barroca”. Lo contrario al despojamiento. El triunfo del “más”, de la acumulación, del interjuego prolífico de texturas, veladuras, costras, materialidad. Arte de la “presencia plena”, arte que trata de recuperar un “aura” nueva, quizás, más fría, pero aura al fin, dado que no existen dos cuadros iguales.  Es decir, como sostenía Benjamin, un arte capaz de producir en el espíritu y el ánimo de quien lo contempla, una suerte de erlechtung. Y es así, como la pintura detenta ese “plus”, que la coloca en un lugar de privilegio, a mí ver, entre las otros mundos estéticos que crea el arte, cuyo abanico sabemos que es infinito. Y eso es bueno tenerlo en cuenta.


Desbordamientos y contaminaciones pictóricas. En contra de la pintura tout court.

La propensión del artista a realizar un riguroso abordaje  a sus telas, como si fueran auténticos campos de batalla, al mejor estilo del all over painting, una citación en clave contemporánea del dripping pollockiano, pero con elementos azarosos, luego rectificados a nivel consciente por el artista, es decir, “determinados racionalmente”, si se prefiere, “editados”, con una aproximación netamente gestual y visceral. He aquí, una de sus huellas autográficas más significativas y peculiares.

Casas, parte de  un acercamiento al análogo material, esto es, una toma de posesión de la tela o el soporte que desea intervenir, sin mediaciones, valiéndose de un accionismo completamente miocinético, moviendo constantemente la superficie, dejando “colar”, aglutinar y amalgamar el médium, previamente escogido por él y, muchas veces, de naturaleza mixta, gracias al empleo de esmaltes, lacas, materiales artísticos y extra-artísticos, todos coadyuvando para generar un tejido palimpsestual hecho de sucesivas adiciones y superposiciones, en donde los acuerdos de color, son fuertemente pregnantes y shocking. En estos trabajos de grandes dimensiones la colorimetría propia del artista es expansiva. En este sentido, el pintor emplea pigmentos puros, que en el plano visual logran una indiscutible “primeridad” estética, del mismo modo que los monocromos azules de Ives Klein con su International Klein Blue (IKB)

Por otra parte, dicha necesidad de “agregar”, “sacar”, “poner”, adherir escrituras y grafismos, sopesar camadas de pintura sobre otras pinturas, se convierte en una estrategia recurrente, que termina por homologarse con su obsesión por dar cabida y “coleccionar”, aquellas formas de lo informe, cuyo talante aflora con un sesgo lejanamente biomorfico. 

De tal suerte, ciertas conformaciones o siluetas abstractas, que aparecieran en algunas de sus anteriores series, se “transfiguran” en estos camuflajes y distorsiones que el artista ejecuta ex profeso, para interrogar y llevar al límite de sus propias posibilidades el lenguaje pictórico ortodoxo de la pureza y la especificidad, propuesto por la estética de Greenberg, en una especie de espiral citacional del “eterno retorno”, hecho ahora “eterno presente”. ¿O no es acaso, lo que llamamos “el grado cero de la pintura”?

La  idea de décalage cronológico asume también su protagonismo, una y otra vez, en contra de una convención de “tiempo” igualmente reformulada. En efecto, este es “un tiempo sin tiempo”, en el que conviven pausas, huecos, vacíos, deslizamientos, disrupciones, tachaduras, mementos, conglomerados que son como explosiones pictóricas, para obligarnos a enfocar y desenfocar nuestro ojo. No olvidemos que la mirada, preexiste al ojo como órgano, tal como lo aseveraba Merleau Ponty.

Estos tejidos energéticos, pletóricos de un élan vital, por demás ostensivo, poseen diferentes formatos, desde medidas medianas a grandes superficies, ya sea, en trípticos y polípticos, que adoptan la fisonomía de “muros”. Y justamente, es en esta muestra, que el artista realiza en Buenos Aires, donde se apropia literalmente de todo el espacio interior del edificio y fundamentalmente, lo resemantiza desde una doble vía: modifica la “memoria del predio”, pues existe una decisión y una intentio autoris, absolutamente neo conceptual, en ello y, paralelamente, incorpora a su operar, todo el acervo que la arquitectura del locus le proporciona. En este punto, es fundamental destacar que sus pinturas, “construyen” argumentos, poseen un valor gnoseológico, formulan significados recónditos y aportan conceptos. Pues, se trata de una mera aisthesis, es decir, de una pura visualidad.

Las obras de este último trienio (2009, 2010, 2011) trazan líneas argumentales sumamente alambicadas, con nudos y enredos de sentidos y sinsentidos y dispuestas a ir más allá para trasponer las fronteras de la consabida sensorialidad.

Abstracción de magma fluctuante

El ingrediente activo, el médium que va connotando sus telas y maderas, multiplica y propaga formas que colocan en situación de riesgo la noción misma de tiempo, como ya lo observamos anteriormente. Hay una dualidad de la temporalidad. La pintura está hecha de impurezas, de heterodoxias, restos, de negación de la unilateralidad del propio lenguaje, rasgo típicamente tardo moderno,  Ese frente  “anti-artístico”, en el buen sentido de la palabra - recordemos el anti-arte - , defiende el efecto plural, la no unidad de la obra, la deriva, la diversidad,  su diseminación, su pluralidad semántica, esa relación cuerpo a cuerpo con la pintura, donde las cualidades- de absorción, derrame, coagulación del soporte demuestran el oficio de quien sabe jugar con las disociaciones para transformar la propia poética en un opus subtiliter, no exento de una cruda, informe y profana belleza. O acaso el arte actual no puede ser bello? Me refiero a esa experiencia estética de la belleza que podría definirse mucho mejor afirmando que la existencia es la que queda en suspenso.

* Doctora en Historia y Teoría del Arte por la Universidad de Buenos Aires (U.B.A) Critica de arte y semióloga de la imagen / Curadora independiente 

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