
Gascon 3043, Mar del Plata (7600), Argentina.
Jose Maria Casas "two-" `s Blogspot. Abstract Art, Philosophy, and Psychology.
“No me importa lo que digan /
lo que digan los demás... /
Yo te sigo a todas partes... /
Cada vez te quiero más.”
Anónimo popular bostero
No me da el tiempo ni tengo la tranquilidad necesaria; son casi las once y media de la noche y Román –tras toque de Ibarra– acaba de cruzarla al segundo palo y parece que la Libertadores vuelve a la Argentina. Me gustaría poder poner en ordenados términos lo que experimenté, lo que pensé hoy. Porque por motivos de obvia coyuntura, hoy Boca es el tema. Aunque en realidad, para los apestados de fiebre futbolera como el que suscribe, lo es habitualmente: Boca nos ocupa y preocupa incluso más allá de lo que seríamos capaces de admitir. Estamos pendientes de cómo le (nos) va, cómo sale/salimos cada vez que juega/jugamos. Hablamos en primera del plural, ganamos o perdemos con Boquita: somos “de Boca” con toda la enormidad y el despropósito de semejante declaración de alienada pertenencia. Quién sabe qué carajo pone uno en semejante entrega de afecto, energía y emociones, pero es así. Pero sin duda que hay razones –supongo que son ésas del corazón– para que nos pase lo que nos pasó antes, esta noche, la próxima, siempre y cada vez, desde que nos acordamos.En síntesis y de apuro: me animo a sostener aquí que hay una razón bostera, una forma, una lógica, una manera de mirar y sentir el fútbol –pasión, juego y competencia– que puede y merece ser analizada con pretensiones de objetividad y alguna certeza, más allá de que la reiterada apelación al “sentimiento” –y a su fotocopia quemada, la “pasión”– en tanto primer y aparatoso fenómeno observable suelan desviar, como se verá, la comprensión más fina. Ese desborde emocional que encandila al observador puede servir sin duda como primer dato, pero no tiene por qué ser el lugar de reflexión inicial y menos el corolario último.
Sin embargo, creo que es necesario –en momentos en que Román hace el segundo, de guapo, estirándose entre dos brasucas en el cierre– hacer una introducción negativa, describir la equívocas bases sobre las que se suele sustentar la inexistencia de esa razón. Precisamente, desde la ignorancia y el prejuicio –que suelen ir juntos– se puede suponer que hay errores básicos en el título de estas preliminares reflexiones a calzón quitado y a camiseta puesta. Por eso, primero cabe aclarar que “crítica” no significa necesariamente apreciación negativa, sino que se usa aquí en tanto sinónimo de análisis, estudio, cadena de juicios, a la manera como Kant o Sartre –dos sapientes pataduras– han utilizado la expresión para encabezar sus especulaciones sobre otras “razones”, puras o dialécticas. Y en segundo lugar, la posible objeción de considerar “razón bostera” un oxímoron –ese gesto retórico de ayuntar dos palabras de sentido opuesto o contradictorio– no deja de ser un chiste fácil y revelador de algunos lugares comunes de la pereza intelectual que nos agobia a todos y limita a sus cultores, cierto mediopelo incombustible, y a tantas aves repetidoras de diferente plumaje. De algún modo, a ese tipo de pensamiento y resentidos pensadores están dedicadas estas reflexiones más eruptivas que programáticas.
Precisamente, un buen punto de arranque para pensar qué es o significa en este país “ser de Boca”, es la tesis negadora de esa posibilidad: analizar los supuestos de quienes sostienen la inviabilidad de una “razón bostera”. Al respecto, hay dos variantes. Por un lado, están los que parten de la oposición razón/irracionalidad. En su análisis –desde la soberbia vereda cartesiana, que jamás se pinta de azul y oro–, no puede haber una razón bostera porque “ser de Boca” no es jamás una elección genuina, resultado de un conocimiento –“saber de fútbol”–, sino una mera adhesión espuria, barata e insostenible. La hipótesis subyacente es: los hinchas de Boca no razonan, y, por lo tanto, eligen a partir de variables alienadas e inaceptables para el buen sentido: la necesidad de sumarse a la mayoría (seducción de la dictadura del número: sentirse “la mitad más uno”), el oportunismo de elegir a un habitual ganador que garantiza festejo tupido (cuando no se gana en ningún orden de la vida, brinda satisfacción vicaria); el gusto por las emociones más elementales y primitivas: la seducción de la fuerza, el grito, el colorido (el viejo circo) y, finalmente, la ocasión de cultivar irresponsablemente la pasión más desatada, conseguir el triunfo de cualquier manera y cueste lo que cueste. Detrás de la adhesión a Boca –siempre según sus torpes críticos– están (sólo) estas vulgares motivaciones. El hincha de Boca no piensa y cuando parece que lo hace se trata sólo de un simulacro de pensamiento ya que se mueve casi instintivamente, por impulsos elementales.
Así, las limitaciones del bostero –o del tipo humano que se elige bostero– resultan ser para esta mirada reductora, en términos filosóficos, de tres órdenes: gnoseológicas (incapacidad de conocer, re-conocer la realidad); estéticas (tiene mal gusto, carece de sutileza y sensibilidad para lo bello) y éticas (carece de escrúpulos respecto de los medios para lograr el triunfo).
Claro que por otro lado, y en la aparente vereda o tribuna de enfrente, están los que se salen de la cuestión y oponen la razón no a la irracionalidad sino al sentimiento. Que no es lo mismo: “ser de Boca” sería resultado sólo de “un sentimiento” y, por lo tanto, como gesto afectivo, no puede ser ni necesita ser analizado: se es por un sentir, no por un razonar. Este tipo de postulado es el que ha conseguido más adhesiones: lo que no se explica, se siente. Y esa formulación radical –popularizada después en otros ámbitos y con otras camisetas– ha partido desde el mismísimo campo bostero, orgullosamente postulado. Y se ha ido más lejos: ese sentimiento es amor, es pasión. Y como tal, no rinde cuentas ni las reclama, ni siquiera espera ser correspondido.
No puede causar extrañeza entonces que, en términos groseramente socio-ideológicos, durante décadas Boca fue, para sus detractores, el equipo de los negros –“los negros de Boca”–, una calificación que posteriormente derivó a el equipo de los villeros –“todos paraguas y bolitas”– en tanto esos sectores sociales encarnarían, en sus decisiones, en sus afectos, en sus lealtades, todos los “errores” propios de su condición alienada o irrecuperable. No cabe acotar nada ante la evidencia flagrante del clasismo racista orgullosamente ostentado. No cabe tampoco establecer ningún paralelo con un fenómeno similar en el campo de la historia y la lucha política en la Argentina. Pero no cabe dudas que bosteros y peronistas tienen en común no su composición social sino los argumentos de sus ciegos enemigos.
Así, planteadas las ideas básicas, los lugares más comunes acerca de la condición bostera, cabe señalar el otro dato fundante y revelador: Boca es una divisoria de aguas. Los bosteros tenemos la piel duramente curtida de tanto experimentar –y anoche no fue excepción ni mucho menos– que cuando Boca pierde celebran (casi) todos; y cuando gana, sólo festejamos los bosteros. Quiero decir: el sentimiento/juicio/apreciación antibosteros son directamente proporcionales a la adhesión mayoritaria.
En este momento –son las doce menos tres minutos– suenan las sirenas más cercanas, Boca es campeón de la Libertadores. Quede esta introducción precaria y apurada a la Crítica de la Razón Bostera que nos debemos aún.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-86938-2007-06-21.html



El “rigor psicótico” que Lacan leyó en Wittgenstein, el que, en una provocación digna de Dadá, se adjudicó a sí mismo en cierta ocasión, es el que volverá a encontrar en la lectura de James Joyce. Lo prueba el hecho de que Lacan practicara en ciertos momentos los procedimientos de la escritura de Joyce, cuyo método (camino, rigor) culmina en Finnegans Wake.
Un libro titulado 789 neologismes de Jacques Lacan, realizado por Jean Pélissier y más de treinta colaboradores, contabiliza frecuencias entre 1969 y 1980, refutando de paso la idea de la progresión lineal en el uso de este procedimiento: en efecto, los neologismos se acentúan entre 1971 y 1975 (Lituraterre; L’étourdit; Joyce, le sinthome). Los autores se inspiran, según dicen, en un trabajo de Leo Spitzer sobre los neologismos de Rabelais (en quien Lacan encontró la palabra sinthome). Lacan, en fin, es comparado con Michaux y Queneau, por el aspecto lúdico de sus juegos verbales.
Los neologismos significan innovación en el lenguaje y suelen agruparse en tres clases: a) palabras inventadas; b) palabras formadas a partir de una raíz o prefijo; c) palabras patrimoniales, por ejemplo beat para designar a una generación. Otros son faux amis, entre lenguas, tanto escritos como hablados (“falsos amigos”: palabras de idiomas diferentes que son muy parecidas pero tienen distinto significado; así por ejemplo, “década”, en español, se refiere a un período de diez años; décade, en francés, se refiere a un período de diez días).
Francisco García Tortosa, en el excelente estudio que acompaña a la edición bilingüe de Anna Livia Plurabelle (Finnegans Wake, I, VIII), escribe: “El vocabulario de Finnegans Wake aparece registrado en los diccionarios en un porcentaje que se acerca al 90 por ciento. (...) Para que una lengua pueda sugerir en el lector vocablos de otra lengua, es necesario un mínimo de distorsión, de manera que aun las palabras conservadas en sus formas estándar resulten extrañas o induzcan relaciones lingüísticas inusitadas (...) no hay que dominar cuarenta lenguas, como tampoco las dominaba Joyce, para que, aplicando este proceso de distorsión, cualquier lengua entre en conexión con otras”.
Joyce creyó que otra persona podía terminar el Finnegans porque su base era simple, susceptible de ser enseñada, “... y por consiguiente automática” (ibídem).
Las homofonías que Freud llamaba asociaciones externas, las homonimias, las sonoridades, aliteraciones, ritmos y combinaciones de vocales van configurando un método que, como la pintura de vanguardia, se propone atravesar la mímesis narrativa de la preceptiva de Aristóteles.
En Le Sinthome, Lacan dice: “¿Qué es el saber? Es el arte, el artificio lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. Por lo menos, yo lo enuncio así”. Para los griegos de antaño, la palabra tekhne no designa el arte en el sentido actual. La mímesis (mimitike tekhne) definía una amplia gama de producciones. Las clasificaciones posteriores, derivadas de diferentes filosofías del arte, permitieron a los filósofos hablar de arte sin la experiencia del arte (de ahí el poco interés que prestan a los testimonios de los artistas). Pero Lacan dice “el arte, el artificio”. En las lenguas antiguas, “artes” designa articulaciones entre partes. El latín suma la intervención humana (artifex) que produce esas articulaciones, según ciertos métodos o reglas que suelen descubrirse por medio del arte y/o la experiencia.
Mediante el artífice (artifex), el artificio puede convertir lo interior en exterior, por lo que Santo Tomás añade la phantasia como una clave para entender la acción del arte. (Silvia Magnavacca, Léxico técnico de filosofía medieval, Ed. UBA, Bs. As., 2006).
El juicio final de la metáfora de Lacan no es el juicio del gusto de Kant y los de su gusto, sino el juicio del artista que es el acto mismo de su realización. Como dice Feyerabend, los de afuera quieren saber qué pasa, los de adentro qué hacer.
Entre otras cosas, los productos del arte pueden gustar (Arthur C. Danto, en El abuso de la belleza, estudia de manera brillante el tema).
Una segunda frase de Lacan en el mismo texto, que quisiera ensamblar con la primera, dice: “El Otro del Otro real, es decir, imposible, es la idea que tenemos del artificio, en cuanto es un hacer que se nos escapa, es decir, que desborda por mucho el goce que podemos tener de él. Este goce completamente sutil (subtil) es lo que llamamos espíritu”. El Diccionnaire Etimologique (O. Bloch et W. Von Wartburg) consigna que esprit (espíritu) viene del latín Spiritus (soplo) y su acepción cristiana se origina en la Biblia (espíritus vitales, animales).
San Buenaventura, Santo Tomás y San Víctor, por decir algunos, hubieran gustado de la cita anterior.
En lugar del Otro, la producción de un artificio que se nos escapa en tanto viste lo imposible (también llamado real) que es el único “juicio final”, que nada tiene que ver con el juicio del gusto del filósofo.
Y, reitero, Lacan dice que “este goce completamente sutil es lo que llamamos espíritu” (también: ingenio, sutileza). La frase siguiente es: “Todo esto implica una noción de lo real”.
Joyce, en una conferencia de 1907 sobre el poeta James C. Mangan, da una clave de la finalidad de su método al decir que las masas aprecian a los poetas que “expresan” y dan “fuerza” a su época, pero que son “incapaces de valorar una obra de verdadera autorrevelación”. Subrayo la palabra y cito la ironía que sigue sobre los poetas que expresan a las masas: “El más popular acto de gracia en estos casos es la creación de un monumento, ya que de este modo se honra al muerto y se halaga al vivo” (Escritos críticos, Ed. Alianza, Madrid, 1975).
La obra de autorrevelación, con sus artificios, es la autorrevelación de ese espíritu que es un goce sutil que en la soledad del lenguaje descubre el trayecto, el método, capaz de resonar en otros y que bien podría designar como la soledad sonora del sinthome. Como diría Jacques Lacan, al menos yo lo enuncio así.
La paradoja del hombre de gusto, como la de cada psicoanalista, no sería diferente a la del que consagrase su soledad a proseguir, según el método de Joyce, el Finnegans: la decisión de Joyce, como la de Descartes y también la de Freud, es la certeza que inicia un método que al final produce la autorrevelación de uno por vez. Pero ninguno de los que sigan el método estará seguro de adquirir una certeza en singular equivalente, y ni siquiera llegará a saber si ellos –Joyce, Descartes, Freud– tuvieron esa certeza o se sostuvieron en la pura decisión. Es que el goce sutil implica la noción de real (Hans Blumenberg; Conceptos en historia, Ed. Síntesis, Madrid 2003).
Vuelvo a la palabra arte. Lacan exaltó el trivium (gramática, dialéctica, retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría –no euclidiana, claro–. No la astrología, pero sí el matema, tampoco la música pero sí la repetición y los ritmos de la pulsión). Recordemos que las primeras se llamaron artes del lenguaje y las segundas artes reales, y el conjunto artes liberales. Con las variaciones que correspondan, estas artes resuenan en las tres soledades nombradas como “rigor psicótico”: la de Wittgenstein, la de Lacan y la de Joyce. Ese “rigor psicótico” también, según Lacan, se encuentra en la ciencia, pero los científicos, desde C. S. Peirce, parten de una comunidad de trabajo que articula el saber en que se inserta cada uno. En cambio, un analista –como Sócrates– sólo tiene el recurso de la histeria... ou pire, o peor.
Extraido de http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-84372-2007-05-03.htmlLos diputados y senadores tendrán, a partir de hoy, en sus manos un proyecto que puede cambiar radicalmente a la sociedad argentina: la instauración del matrimonio entre personas del mismo sexo. La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt) presentará en el Congreso la iniciativa, redactada por un diputado socialista, pero apoyada por otros 19 legisladores de un amplio abanico partidario, que incluye el Frente para la Victoria, el ARI y la UCR, entre otros. El proyecto se inscribe en la campaña nacional que lleva adelante la entidad para implementar el casamiento homosexual en el país con la consigna “Los mismos derechos con los mismos nombres”. El primer paso fue un pedido a la Justicia para que declare inconstitucional la actual prohibición. Ahora, es el turno del Parlamento.
El proyecto, pese al cambio profundo que propone, es muy simple: no se trata de una nueva figura, distinta a la del matrimonio actual, sino que se limita a modificar dos artículos del Código Civil.
- Uno es el 172, que prescribe que “es indispensable para la existencia del matrimonio el pleno y libre consentimiento expresado personalmente por hombre y mujer ante la autoridad competente”. La propuesta modifica los términos “hombre y mujer” por “los contrayentes” e incluye el concepto de que el consentimiento “exige iguales requisitos y produce idénticos efectos, sean los contrayentes del mismo o de diferente sexo”.
- El otro es el 188, que establece el famoso “los declaro marido y mujer”. El texto, en la parte pertinente, reza así: “En el acto de la celebración del matrimonio, el oficial público leerá a los futuros esposos los artículos 198, 199, y 200 de este Código, recibiendo de cada uno de ellos, uno después del otro, la declaración de que quieren respectivamente tomarse por marido y mujer, y pronunciará en nombre de la ley que quedan unidos en matrimonio”. El proyecto cambia la frase “tomarse por marido y mujer” por “constituirse en cónyuges”.
El resto de los artículos que se propone modificar tiene que ver con la adecuación a esa norma principal. Es decir, cambiar siempre los términos que impliquen género por conceptos “neutros” como cónyuge, contrayente o persona.
“Lo que buscamos es la igualdad ante la ley y la no discriminación. La Constitución nos avala porque establece, tanto en su texto como en los tratados internacionales incorporados, que todas las personas tienen derechos a casarse y fundar una familia”, explicó María Rachid, dirigente de la Falgbt. “No hay en la Carta Magna ninguna definición de familia que la limite a la unión entre un hombre y una mujer. Tampoco está prohibido el matrimonio entre personas del mismo sexo”, argumentó. Y expresó que “hay encuestas que muestran la alta aceptación a este reclamo. Hay muchas personalidades que lo respaldan. Ahora necesitamos que esa mayoría que ya existe en la sociedad llegue al Congreso. Tenemos una gran expectativa, porque estamos recibiendo muchas muestras de apoyo de todos los sectores”.
El proyecto reconoce el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales, es decir, “los mismos derechos con los mismos nombres”. Eso incluye herencia, pensión, obra social y adopción. “De aprobarse, no existiría ninguna diferencia de derechos, en lo relacionado con el matrimonio y sus efectos, entre parejas del mismo o de distinto sexo”, explica Bruno Bimbi, secretario de Relaciones Institucionales de la Federación.
La entidad, que agrupa a unas veinte entidades de todo el país, viene llevando a cabo desde febrero una campaña para implementar el matrimonio gay en el país. El primer paso fue la presentación de un recurso de amparo en la Justicia para permitir el casamiento en un registro civil porteño de María Rachid y su pareja, Claudia Castro (ver recuadro). Otros recursos similares serán presentados en diversas provincias. La campaña incluye también la recolección de firmas para una declaración de apoyo a la iniciativa (ver nota aparte).
Aunque contó con el asesoramiento de la Federación, la iniciativa fue redactada por el diputado socialista santafesino Eduardo Di Pollina. También aportó a su elaboración Marcela Rodríguez, del ARI. El proyecto lleva en total la adhesión de 20 legisladores: además de Di Pollina y Rodríguez firmaron Silvia Augsburger (PS), Marta Maffei, Leonardo Gorbacz, Delia Bisutti, Carlos Raimundi, Susana García y Eduardo Macaluse (ARI); Remo Carlotto, Marta De Brasi, Araceli Méndez de Ferreyra y Nora César (Frente para la Victoria); Miguel Bonasso (PRD), Norma Morandini (Partido Nuevo de Córdoba), María del Carmen Rico (Peronismo Federal), Claudio Lozano (Corriente Germán Abdala), Alicia Tate (UCR), Lucrecia Monti (Justicialista Nacional) y Carlos Tinnirello (Bloque Redes).
En la Federación aseguran que tras la presentación conseguirán varias firmas más. De hecho, descuentan la del santafesino Hermes Binner, que ya mandó su carta de adhesión. También destacan el apoyo a la movida del Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi).
El proyecto, además de consagrar la igualdad jurídica entre las parejas heterosexuales y las parejas homosexuales, también avanza en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer en los matrimonios heterosexuales. Varios artículos (algunos en desuso) mantienen en la letra la discriminación de género, como el que establece que la mujer casada no puede aceptar donaciones “sin licencia del marido”, pero no prevé la situación recíproca. La idea en este caso es directamente eliminar ese párrafo. En otros casos, se pretende “adecuar” las normas para evitar situaciones de discriminación.
En su argumentación para fundamentar el proyecto de ley, el diputado Di Pollina enumera una larga lista de legislaciones, tratados y declaraciones que avalan “el derecho de las personas a contraer matrimonio” y “el derecho a no sufrir discriminación de ninguna índole en razón de la religión, raza, color o sexo”. Pero también analiza los casos internacionales en los que el matrimonio entre personas de igual sexo ya fue implementado, como en Holanda, Bélgica y España. “¿Por qué citamos lo que ocurre en otros países? –se pregunta el diputado, y se contesta–. Porque otro argumento recurrente de los homofóbicos es sostener que el concepto de familia y el concepto de matrimonio es, universalmente, la unión del hombre y la mujer. Sin embargo, en buena parte del mundo, existe un concepto de familia y de matrimonio más abarcativo, que incluye las relaciones entre un hombre y un hombre o entre una mujer y una mujer, incluyendo también a las personas transexuales.”
“Hay muchos tipos de familia. Por ello, allí donde la Constitución Nacional garantiza la protección a la familia, todas las familias deben tener derecho a estar incluidas”, concluye.
“Es el momento para que el Congreso de la Nación convoque a una audiencia pública para debatir una reforma integral a la ley de drogas”, sostuvo Mario Coriolano –defensor oficial ante la Cámara de Casación bonaerense–-, para quien el fallo de la Cámara Federal “se inscribe en el reconocimiento del fracaso de aplicar el sistema penal a usuarios y adictos; en cambio, hay que actuar contra el narcotráfico, lo cual incluye investigar el lavado de dinero y la venta de precursores químicos, así como la corrupción policial y quizá judicial. Para los usuarios y los adictos, corresponde la prevención y el acceso al sistema de salud”. Coriolano también se refirió a la investigación del caso, que –dirigida por la jueza Romilda Servini de Cubría– incluyó un dispositivo de “inteligencia” con escuchas telefónicas, vigilancia y allanamiento, a partir de la detección de un par de plantitas de marihuana en un patio: “Además de haber violado el derecho a la intimidad de una persona, es un ejemplo de cómo recursos escasos y caros, que deberían dirigirse a la lucha contra el narcotráfico, se emplean en actividades que más bien parecen distractorias”.
“El fallo de la Cámara Federal se anota en la línea que advierte el fracaso de aplicar el sistema penal a usuarios y adictos, dos categorías que a su vez son diferentes: a los usuarios de una sustancia ilícita como la marihuana, al igual que a los de una sustancia lícita como el alcohol, les es pertinente la prevención, a fin de que no lleguen a convertirse en adictos –sostuvo Coriolano–. Para los adictos, hay que facilitar su acceso al sistema de salud. En materia de consumo de drogas, hay muy buenas campañas de salud que resultan neutralizadas por la intromisión del sistema penal. Es que la prohibición no sólo es inútil para disuadir del consumo, no sólo es inconstitucional, sino que aleja del sistema de salud al consumidor, ya que acercarse lo obligaría a confesar un acto ilegal.”
“Pero el gran fracaso del modelo prohibitivo –continuó Coriolano– es que no enfrenta realmente al narcotráfico, y por ahí se debería empezar. El narcotráfico abarca cuatro aspectos: el tráfico propiamente dicho, el lavado de dinero, la producción y venta de precursores químicos y, también, la corrupción de quienes debieran investigarlo. Habría que construir un sistema investigativo con suficiente información y poder para actuar.”
Según Coriolano –quien también integra el Comité de Prevención de la Tortura–, “el fracaso del modelo prohibitivo, que está impulsado por Estados Unidos, podría medirse mediante dos series de indicadores. Un orden de indicadores sería: ¿cuántas condenas por narcotráfico efectivas, en los cuatro aspectos que señalé, se vienen produciendo? No me refiero a supuestos indicadores como la cantidad de droga secuestrada o las causas contra adictos o vendedores minoristas. Otra serie concierne a las violaciones a los derechos humanos que se cometen al aplicar el sistema penal a adictos usuarios: las requisas ilegales, los allanamientos, el daño que se produce a las personas detenidas por esta ley inconstitucional, quienes, aunque sean liberadas, deben pasar noches en calabozos hacinados”.
Así las cosas, “ha llegado el momento de que el Congreso de la Nación convoque a una audiencia pública en la que se examinen esos indicadores y opinen médicos, psicólogos y otros expertos en el tema, con el fin de evaluar una reforma integral a la ley de drogas. Un año electoral, es decir, un año de debates, es ocasión oportuna para que se debata esta cuestión. Sé que hay legisladores interesados en avanzar en estos temas. Y la Legislatura bonaerense debiera convocar, a su vez, a audiencia pública para debatir si continuar o no adhiriendo a la desfederalización de la lucha contra el narcotráfico” (que Coriolano ha criticado fuertemente, según puede leerse en Página/12 del 24 de enero pasado).
“A mi juicio, la reforma de la ley de drogas debería diferenciar entre drogas duras y blandas, así como entre usuario y adicto, y para estos últimos propiciar el acceso al sistema de salud –sostuvo Coriolano–. Algunos especialistas sostienen la conveniencia de que pueda intervenir la Justicia para facilitar la ayuda en salud, a pedido de la familia del adicto, pero siempre en el fuero civil, nunca el penal. Porque, además, la penalización del consumo termina reforzando el poder de fuerzas policiales violentas y corruptas; y la capacidad corruptora del narcotráfico es capaz de infiltrarse también en el Poder Judicial, como ha sucedido ya en otros países latinoamericanos.”
Sobre el fallo de la Cámara Federal, “hay que observar también la investigación dirigida por la jueza María Romilda Servini de Cubría, que, cuando un policía denunció haber visto unas plantitas de marihuana en un patio, dispuso una tarea de inteligencia que incluyó la intercepción de llamados telefónicos, la vigilancia y finalmente el allanamiento del domicilio. Además de haberse violado los derechos constitucionales a la intimidad y a las acciones privadas que no perjudiquen a terceros, se advierte el empleo de recursos policiales y judiciales, escasos y caros, en una acción que, francamente, parece una maniobra distractoria, porque en nada podría ayudar a la lucha contra el narcotráfico”, finalizó Mario Coriolano.
Extraido de: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-84302-2007-04-30.htmlNUEVA YORK.- Cerca de una de cada cuatro personas que aparenta estar deprimida se encuentra, de hecho, luchando con la respuesta mental normal generada por un golpe emocional reciente, como un matrimonio destruido, la pérdida de un trabajo o el colapso de una inversión, sugiere un nuevo estudio.
Para evitar diagnósticos innecesarios y el estigma correspondiente, la definición estándar de la depresión debería repensarse, de forma de excluir estos casos, afirman los autores de un estudio que publica esta semana la revista Archives of General Psychiatry, y que se basa en una encuesta hecha a más de 8000 norteamericanos.
Los psiquiatras y médicos que toman especial cuidado al examinar las historias médicas de sus pacientes lo hacen precisamente para descartar estos golpes de la vida, así como los efectos de enfermedades físicas, antes de diagnosticar una depresión.
Pero el manual de la Asociación de Psiquiatría Americana (DSM-IV, según sus siglas en inglés), de los Estados Unidos, no excluye específicamente a la gente que experimenta sentimientos de tristeza profundos, pero normales, a menos que se encuentren afligidos por la muerte de un ser querido. Y un número cada vez mayor de distritos escolares y clínicas médicas usan simples listas para diagnosticar la depresión, listas que no toman en consideración el contexto, afirman los autores.
"Cada vez un número mayor de gente asegura que tiene alguno de los síntomas que figuran en esas listas y no hay manera de saber si se trata de una respuesta de tristeza normal o un verdadero caso de depresión", asegura Jerome C. Wakefield, profesor de trabajo social en la Universidad de Nueva York y autor principal de este estudio.
Sus coautores fueron Mark F. Schmitz, de la Universidad Temple, Allan V. Horwitz, de la Universidad Rutgers, y el doctor Michael B. First, psiquiatra en Columbia y editor de la última versión del manual de diagnósticos de la asociación psiquiátrica.
Estimaciones exageradas
Los descubrimientos del estudio sugieren que los estimativos previos, que sostenían que el número de norteamericanos que sufrieron depresión por lo menos una vez en su vida 30 millones son por lo menos un 25% demasiado alto.
El doctor Darrel Regier, director de investigación en la Asociación de Psiquiatría Americana, afirma: "Creo que las preocupaciones que genera este estudio son reales, y que debemos ser muy cuidadosos para no diagnosticar de más una respuesta normal a una pérdida y llamarla trastorno". Pero también agrega que las listas para diagnosticar la depresión, de hecho, ayudaron a identificar personas con necesidad de tratamiento.
Los investigadores analizaron las respuestas de 8098 adultos para inspeccionar preguntas formuladas entre 1990 y 1992. Las preguntas se basaron en criterios de diagnóstico para problemas de cambio de humor y le preguntaban a la gente que reportaba un período de tristeza si recordaba algún evento que podría haberlo causado, como la muerte de alguien querido o un divorcio.
El manual de diagnóstico hace una distinción entre la aflicción severa, que predispone para una depresión duradera y tiende a ser una situación poco habitual, y el dolor normal, que parece depresión, pero desaparece luego de algunas semanas o meses.
Los investigadores encontraron 56 personas en las encuestas que estaban atravesando por esta reacción normal luego de la muerte de alguien cercano. Otras 174 luchaban con niveles normales de angustia luego de un golpe de otra especie, como el final de una relación o un trabajo perdido, situaciones que obtendrían un diagnóstico de depresión bajo la definición actual.
Los investigadores luego compararon los dos grupos de respuestas a las preguntas acerca de nueve síntomas depresivos, incluidos la pérdida de apetito, los trastornos del sueño y los pensamientos suicidas. La única diferencia significativa que encontraron fue que aquellos deudos de un pariente muerto tenían el doble de pensamientos acerca de la muerte o el suicidio de los que se encontraban procesando otro tipo de pérdida.
"El perfil de estos dos grupos es tan, tan similar", asegura el doctor Wakefield, que no justifica la exclusión de uno de estos grupos, y no la del otro, del diagnóstico de la depresión.
Los autores no extrajeron conclusiones acerca de las implicaciones que su estudio tiene en los tratamientos. Los médicos a menudo tratan las reacciones normales de pena si los pacientes sienten un dolor considerable. Pero éstos no deberían ser identificados como depresivos, concluyen los autores.
Por Benedict Carey
De The New York Times
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