Monday, June 10, 2013

Contra el 50%, una cuestión de autorespeto, dignidad, y principios

Desde hace un tiempo esta instalado, y "naturalizado", que ciertas Galerías "tope de gama" le cobren el 50% a sus artistas. Digo naturalizado porque no se ve por parte de los artistas ningún cuestionamiento serio al respecto; en el mejor de los casos lo aceptan con cierto fatalismo y resignación ("no queda otra", "son las reglas del juego", "sino me quedo afuera"), y en el peor de los casos incurren en la peor de las zonceras: justificar al explotador. 

Las justificaciones que circulan al respecto son esgrimidas, como ya dije, por los propios artistas. En muchos casos las dan sin que uno pregunte algo, o sin que se les haga un cuestionamiento, lo cual deja entrever una marcada necesidad de andar dando explicaciones al respecto y de ponerlo en palabra; o sea: que ahí algo hay. ¿Cuales son esas justificaciones? La mas clásica es que estas galerías de alto vuelo invierten en la carrera del artista, se encargan de mover sus contactos para que su obra sea validada institucionalmente, y cuentan con una cartera de clientes que le permite al artista subir su cotización rápidamente a precios con los que jamas hubiera soñado. El cierre de esta gran epopeya explicativa es: "se llevan el 50% de algo que gracias a ellos ahora vendo 500% mas caro, o sea.. de algo que en definitiva yo no tenia". ¿Contundente no?

El problema es que esta explicación no solo roza lo utópico, o fantasioso, a la vez que valida situaciones irregulares como el trafico de influencias y la manipulación de jurados de salones y concursos --por parte de los galeristas--; sino que también ha venido operando como un obturador para cualquier tipo de debate al respecto. Así nos encontramos con que en base a esa claudicación primera, que los artistas realizaron a cambio de lograr realizar algunas de sus ambiciones menos artísticas, se comenzó a "naturalizar" la situación al punto de que el resto de la cadena alimenticia (galerías menores y otros integrantes de la cadena de intermediarios) comenzaron a aplicar también ese 50% sin ofrecer contraprestacion alguna al artista. Es precisamente ahí donde la mentada explicación hace agua: por cada artista para el cual la explicación se cumple hay otros 99 a los cuales se los uso apelando a una promesa no cumplida; es decir: se logro poner en juego a sus ambiciones y necesidades para abusar de ellos.

Siguiendo con esta linea, de progresiva ampliación de la aplicación de ese porcentaje desde las galerías mas selectas hacia el resto de la cadena, nos encontramos con la aparición del mismo en las novedosas subastas vía web, situación que nos permite poder comparar en varias formas la arbitrariedad de ese 50%. 
  1. Por un lado quien realiza una Subasta Web carece de los costos fijos de una Galería: no alquila un local, no gasta en iluminación, en vermisage, en empleados, en prensa, en absolutamente nada que pueda implicar un porcentaje alto para sostener el negocio. #EsTodoGanancia
  2. Por otro lado cuando uno remata en una Casa de Subastas real los porcentajes no exceden jamas el 20% y se dividen siempre a medias entre comprador y vendedor; la Casa de Subastas actúa como garante de la autenticidad de la obra adquirida y de su origen; y la operación se realiza en blanco cumpliendo con las normativas de la AFIP. En la subasta virtual ni siquiera se emite una factura.


Entonces pasamos de una situación hipotética en la que una galería "ayuda" al artista, invierte en su carrera, y lo lanza a las grandes ligas a cambio de un 50%; a una situación en la que por colgar una imagen en una web alguien se lleva el 50% y ni siquiera emite una factura. Si en el primero de los casos el artista, al claudicar su 50%, se hace cómplice también de todas las maniobras irregulares que pudieran realizarse para posicionar su obra: arreglo de jurados, trafico de influencias, subastas truchas para subir el precio --delitos todos ellos--, entre otras. En el segundo de los casos el artista termina sumando otra complicidad mas al combo: el mercado en negro y la evasión fiscal. ¿Y el arte y ese mundo mejor que nos prometía? bien gracias!


Una cuestión de Clase

Como artista creo que hay varios puntos a repensar en todo este tema. En el titulo dije que se trataba de una cuestión de autorespeto y dignidad, suena mas ganchero, menos marxista, e invita a leer el articulo, pero en realidad se trata de otra cosa: de una cuestión gremial, de una cuestión de clase. 

Cuando un grupo de artistas tranza y accede a este tipo de practicas no solo se esta cagando a si mismo, también esta cagando a los demás ya que legitima una practica que le sera impuesta  --y exigida-- como "uso y costumbre" a todos los demás. Por ende la salida en solitario de este tipo de situaciones no existe: todo aquel que levante la bandera del auto-respeto y la dignidad no lograra mas que una gloriosa auto-exclusión y condena al ostracismo y la falta de mercado.

Pensemos entonces ¿que implica un 50%? ¿que el galerista y yo somos socios? ¿de verdad?, ni por cerca. El galerista ni siquiera arriesga comprando la obra sino que la toma en consignación, si se vende perfecto, sino jódete, y si se rompe o sufre algún daño en el camino... jódete a la enésima potencia. Si el galerista comprara la obra la historia seria otra, pero estamos ante un modelo en el cual la idea es no arriesgar nada y ganar en todas. #LasQuierenTodasParaEllos

Cuando alguien con un poder real (el acceso al mercado, en este caso) aprovecha el mismo para imponerle condiciones no negociables a alguien que tiene una necesidad (vender, comer, sobrevivir) estamos ante una situación de abuso. ¿Es justificable el abuso? de ninguna manera, y el derecho así lo entiende. Si se tratara de un crédito diríamos que el porcentaje es usurario y que se imponen clausulas de contrato leoninas ya que las mismas no pueden ser negociadas. Si vamos al derecho del consumidor nos encontramos con que todos aquellos contratos pre-moldeados que no son negociables y que solo dan lugar a una "adhesión" son objetables porque dan lugar a abuso. ¿Legitimamos entonces los artistas el abuso desde nuestra propia practica? ¿Y nuestra supuesta rebeldía? ¿Donde quedo ese supuesto auto-concepto elevado de nosotros mismos según el cual creemos que cumplimos una función social de denuncia y de poner en juego lo que se intenta esconder?.

Por otro lado, al aceptar y legitimar la utilización de practicas desleales de competencia por parte de las galerías para con nuestros colegas, ¿que estamos diciendo de nosotros mismos como personas y de nuestra actividad? ¿No estamos validando el trafico de influencias, y afirmando que los contactos y el dinero valen mas que la obra? ¿Y nuestra supuesta camaradería y fraternidad?.

Si aceptamos el abuso, de la mano de la imposición de ciertas practicas y reglas de mercado, y si al hacerlo legitimamos practicas corruptas y desleales para contra nuestros colegas y nosotros mismos. ¿que ganamos? ¿o al dejarnos usar, corromper, y convertirnos en cómplices de dicho proceso perdemos todo; incluso la dignidad? 

Me parece que hay mucho para pensar, y que no esta para nada bueno que aquellos que deciden parar la pelota y plantarse terminen siendo marginados y convertiendose en parias por tener los huevos y la valentía de defender lo que hay que defender. Digamos Basta, marquemos un limite, y hagamoslo entre todos.




1 comment:

Connie Sin Verguenza said...

buen post! estoy de nuevo, visitame! un beso desde mardel